IDENTIDADES 1 ESPAÑOL IDENTIDADES 9 ESPAÑOL | Página 84

Actualidad Latinoamericana Replanteo de la negritud argentina Omer Freixa Historiador africanista argentino (UBA-UNTREF) Profesor e investigador en las Universidades de Buenos Aires y Tres de Febrero. Profesor en el Consejo Superior de Educación Católica Buenos Aires, Argentina A rgentina es una nación que se enorgullece de una blancura absoluta y la negritud en el siglo XX conduce a enunciación muy particular y despectiva que remite al inicio del peronismo —el 17 de octubre de 1945— y de ahí, como categoría identitaria, llega al presente. Para interpretar, desde perspectiva sociológica, qué implicó este 17 de octubre en la forma de concebir al otro, hay que explicar el contexto histórico propiciador del nacimiento del peronismo, pero antes debe caracterizarse lo negro. Lo negro en Occidente La palabra negro es recurrente en el habla y su caracterización es predominantemente negativa a lo largo de la historia. Hoy tiene sentido negativo en la mayoría de los contextos y los grupos afro prefieren definirse con otras categorías identitarias, como afrolatinoamericanos o, más recientemente, afrodescendientes. Tal como se lee en las diversas acepciones del Diccionario de la Real Academia Española, negro denota casi siempre imperfecciones y/o ausencias: un objeto cuya superficie no refleja ninguna radiación visible, ausencia de todo color o lo que no tiene la blancura que le corresponde. Como adjetivo se torna siempre negativo: sumamente triste y melancólico; infeliz, infausto y desventurado, muy sucio. También se asocia con lo clandestino e ilegal —magia negra, novela negra— y con la mala suerte: tenerla negra. La única definición positiva es el uso como voz de cariño o, a lo sumo, para referirse a persona con ese color de piel. A este último respecto circulan varias representaciones sociales como producto cultural de la visión que Occidente construyó sobre el sujeto y de la cual Argentina es buen ejemplo. Se presupone la superioridad ontológica sobre África de la civilización occidental, que colonizó América (Solomianski: 2003, 25; Picotti: 1998, 17), y se repiten los prejuicios sobre la capacidad congénita que condensan la imagen irracional elaborada desde hace unos tres mil años (Iniesta: 2009, 11, 15). Los trabajos contemporáneos apuntan a dos estereotipos sobre la imagen del negro: un ser infantil y alegre, o un ser bestial y salvaje, menos que humano (Frigerio: 2000, 76). Estas dos representaciones se cruzan y son un producto histórico que se remonta hasta el mundo grecorromano. El compendio de caracterizaciones negativas del pasado llevó a pensar al negro como ser irracional y habitante de sociedades sin historia, según el razonamiento del filósofo alemán Hegel. Al siglo XIX se llegó con la construcción de una escala evolutiva en la cual los negros ocupaban los peldaños más bajos en la diversidad de razas. Incluso la trata atlántica llegó al paroxismo de negar la humanidad de los africanos esclavizados al filo de un comercio infame por más de tres siglos. En el Occidente dieciochesco nadie “civilizado” discutió la inferioridad del negro, que fue colocado en lugar periférico con respecto a la humanidad (Iniesta: 2009, 16-17; Picotti: 1998, 18). Al negro se asocia la imagen de África y 83