evolucionista, creada y avalada por la academia europea con pretensión de Verdad, la cual sigue agazapada en el sentido común y en teorías peregrinas como la sociobiología y su multiuso“ gen egoísta”( Sahlins 2011). Para complejizar la cuestión, raramente los estamentos de poder fueron más allá de la lectura superficial del evolucionismo darwiniano— por la vía sesgada de Spencer— junto con otras disciplinas pseudocientíficas funcionales para la supremacía blanca, como la frenología y la craneología( Perazzi 2005). Así, tales estamentos no dudaron en abrazar la natural división de la humanidad en razas, fruto de siglos de beneficio esclavista y resabio del dictum bíblico. La férrea concepción de que el afro( como el indígena) era perturbador al orden anhelado y escollo insalvable en el progreso humano liderado por el blanco, incitaba eliminarlo o, al menos, minorizarlo( Valko 2010). Los afro-argentinos se inscriben en esta doble problemática: descienden de esclavos que por su racialización se estancaron en la pretendida única vía evolutiva de la humanidad y comenzaron a ser un problema a medida que el país se construía con ansia europeísta, pues no habían sido convidados— como los millones de inmigrantes europeos que la Generación del 80 fagocitó— y quedaban como rémora tardocolonial de la cual el patriciado en el poder se autoexcluyó estratégicamente. La violencia ejercida por el Estado a través, por ejemplo, de la construcción de una narrativa histórica e identitaria negacionista no cesó con la abolición de la esclavitud. Caben tres hipótesis. La violencia de Estado no fue una operación deus ex machina de la dictadura, porque puede remontarse al menos tres años atrás y así el estudio abarca la década 1973-83. La condición de afrodescendientes de las víctimas suscitó saña particular entre los represores y algunos aspectos de sus implicancias sociopolíticas pueden interpretarse en perspectiva afrocentrada. Y en lectura entre-líneas y entre-tiempos, es dable vincular los casos documentados con la violencia sufrida por sus ancestros en el genocidio africano, que se remonta al siglo XVI y, a diferencia de la mayoría de las víctimas contemporáneas, su padecimiento no constituyó novedad.
Argentina entre 1973 y 1983 El dictador Agustín Lanusse gobernó desde 1971 hasta 1973. Le sucedieron Héctor Cámpora, Raúl Alberto Lastiri y Juan Domingo Perón, todos del Frente Justicialista de Liberación( FREJULI). El último intentó poner en marcha un programa económico intervencionista para mejorar el ingreso de la población, pero falleció el 1 de julio de 1974. Su esposa y vicepresidenta, María Estela Martínez de Perón, asumió en período turbulento que, por aplicación de un plan económico ortodoxo, condujo al llamado Rodrigazo y provocó devaluación del 100 %, aumento de las tarifas públicas y liberación de precios. La protesta social se expresó en huelgas generales. La creciente escalada de grupos guerrilleros como los Montoneros y su represión— no siempre por cauces legales— desembocó en el golpe de Estado cívico-militar del 24 de marzo de 1976. El autodenominado Proceso de Reorganización Nacional duró hasta 1983 con cuatro juntas militares sucesivas que integraron los titulares de las tres fuerzas armadas, quienes nominaban como presidentes de facto al Teniente General. El primero fue Jorge Rafael Videla y la represión se acrecentó. Para el mundial de fútbol de 1978 en Argentina, el gobierno tendió una máscara de bienestar que apenas pudo disimular la crispada realidad. Videla fue reemplazado por Roberto Eduardo Viola en marzo de 1981 y en diciembre asumió Leopoldo Fortunato Galtieri, quizá el más irresponsable: ebrio de poder, declaró la guerra al Reino Unido para recuperar las Islas Malvinas en abril de 1982. La guerra fue breve y desastrosa: el 14 de junio Argentina firmó la rendición incondicional y así se precipitó la caída de la dictadura. El 1ro de julio de 1982, Reynaldo Bignone sucedió a Galtieri con industria quebrada e inflación, las universidades intervenidas y las carreras cerradas, más una escandalosa e indisimulable cifra de detenidosdesaparecidos. El pueblo clamó por la recuperación democrática y los golpistas cedieron al debate político; los partidos se rearmaron y el 30 de octubre de 1983 se celebraron elecciones. El ganador, Raúl Alfonsín, de la Unión Cívica Radical( UCR), entró en funciones el 10 de diciembre y en cinco días decretó enjuiciar
69