entregan los pasaportes. Ya en Ecuador nos siguen maltratando. Nos pegan a la pared y nos vuelven a interrogar para dar la visa: por qué venía, a quién iba a visitar, si era casado o soltero, si tenía pensado quedarme e incluso cómo era posible que pagara un pasaje si mi trabajo en Cuba no daba para tanto.
¿ Y al regreso? En emigración te vuelven a hacer miles de preguntas y, si les da la gana, te rompen los maletines y sacan todo. A muchos hasta les roban, porque las maletas vienen sin seguridad ninguna, normalmente envueltas con nylon. A una muchacha que venía detrás de mí en México, le perforaron el equipaje para sacarle mercancía. Hay que vivir esa experiencia para darse cuenta de qué mal funciona todo, pero qué vamos hacer. Simplemente no tenemos otra opción.
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