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proyecto abrazado entonces parece ser el denominador común de estos personajes disímiles que compartían vida, esfuerzos y esperanzas en los campamentos de trabajo productivo de la pequeña ínsula a varios kilómetros al sur de La Habana. Pudimos ver al hiperquinético promotor cultural que no necesitaba mucho tiempo ni recursos para hacer teatro y, sobre todo, para motivar a gente sin experiencia. Conmueve el caso de la joven hija de una exiliada y un preso político, que relata sus dificultades para adaptarse y encajar en los espacios y ambientes reservados por su destino. Y resulta impresionante el testimonio de un joven cantante, graduado de la Escuela de Arte, que prácticamente purga en el surco la culpa de ser negro, después de haber sido expresamente rechazado por sus compañeros del Teatro Lírico simplemente por causa del color de su piel. A pesar de la crudeza del relato, resulta igual de impactante ver como el propio protagonista y víctima se autocensura al dar cuenta de su amarga experiencia. En este documental Sara Gómez, de manera sencilla y magnifica, hace un retrato sociológico, psicológico y ético de una generación dispuesta a entregar lo mejor de sí al sueño revolucionario, pero el valor fundamental es el tiempo, ese tiempo transcurrido que convierte a la cinta en reflejo descarnado de la Cuba que quiso ser y no fue. Es una demostración inapelable de cuántas esperanzas, sacrificios y buena fe frustrada y traicionada conforman la experiencia de vida de muchos cubanos. A la luz de ese tiempo y de las experiencias vividas, vale por todo el documental la escena en que una joven dirigente plantea estar convencida de que el hijo pre matrimonialmente concebido por una de sus subordinadas sería de seguro más comunista que ellos mismos. La obra cumbre y póstuma de Sara Gómez, De cierta manera (1977), constituyó uno de los más grandes impactos culturales a mi sensibilidad adolescente. Ella dejó la cinta en proceso de edición y su maestro y amigo de siempre, Gutiérrez Alea, se encargó junto a García Espinosa de concluirla para ofrecer una mirada crítica a los enclaves periféricos y marginales, así como para reflejar con estremecedor realismo las interrogantes y conflictos Sara Gómez en uno de los lugares de filmación de su largometraje 104