calles bien asfaltadas, fachadas pintadas y ningún indigente a la vista del presidente americano y su comitiva. Por su parte Leonardo Calvo analiza, en“ Otra ofensa racista y la peligrosa demagogia”,.“ la saga de desesperación y desenfrenada inquietud que desataron entre las autoridades la presencia y los mensajes de Obama a la sociedad cubana”. A partir de una ofensa racista publicada en un periódico de la capital cubana, Calvo explica que no se trata de un hecho aislado, sino de que quienes visiten Cuba corren el peligro de afrontar tales ofensas hasta que“ se restaure plenamente el debate sobre la problemática racial, la historia, la identidad y las desigualdades”. Aquel peligro se desvanecerá, según el autor,“ cuando no se tolere en silencio la injusticia contra el más ignoto o anónimo joven afrodescendiente, siempre amenazado por la arbitrariedad policial callejera; cuando los afrodescendientes recuperemos nuestra voz cívica y pública para reafirmar la identidad, defender derechos y canalizar inquietudes; cuando se activen mecanismos legales efectivos para combatir cualquier manifestación de discriminación”. En esta perspectiva Yusimí Rodríguez reflexiona sobre que viene“ Después de Obama” y luego de repasar el estado de cosas más o menos inalterable en que el gobierno cubano mantiene al pueblo, como prisionero del pasado según las versiones interesadas de la historia, penitente en el presente aquejado por males socioeconómicos y sociopolíticos, y engañado respecto al futuro con promesas rayanas en la locura, tal y como evidencia el cierre del artículo de Fidel Castro“ El hermano Obama”: Cuba no necesita nada de Estados Unidos porque dispone de todos los recursos necesarios para desarrollar al país con esfuerzo propio. La autora simplemente contrarresta esta declaración con la interrogante que se escucha en las calles: ¿ Y por qué llevamos tantos años en situación tan precaria? Esta situación se aprecia en todas las esferas de la vida social y Luis Oleidy Machado nos indica, en“ Apertura cultural en Cuba: asignatura pendiente”, que el gobierno se empeña en“ mostrar al mundo que Cuba es un país culto, cuando realmente los cubanos no tenemos acceso a muchas cosas de la cultura”. El autor subraya que el Partido
Comunista es hostil a y ni siquiera entiende“ los temas la libertad de expresión y de reunión y asociación”. De ahí que Cuba tenga que abrirse culturalmente al mundo, pero“ sin que nadie nos diga qué hacer o decir”. Del movimiento cultural independiente nos brinda un ejemplo ilustrativo el artículo de Iris Ruiz sobre la labor de los Estudios Arte Necesario en el barrio periférico de Alamar, al Este de La Habana, donde la falta de atención estatal incrementa los factores de riesgo entre adolescentes. Para mitigar el riesgo, Arte Estudio indagó las necesidades e intereses de formación y capacitación de los adolescentes en dicha comunidad y tomó la iniciativa de principiar a influir positivamente en ellos con un taller de dibujo creativo, centrado en temáticas como el respeto en las relaciones interpersonales, la violencia y la discriminación de género y raza, así como en los caminos para resolver los conflictos. Así quedó abierto, arte mediante, un promisorio espacio para aglutinar padres e hijos de forma orgánica en torno a contenidos educativos y sana recreación. En contraste, Nonardo Perea da cuenta del agudo declive en un ámbito artístico muy peculiar: el transformismo, que presupone encarnar un personaje tras estudiarlo al detalle“ para hacerse dueño de sus ademanes [ y ] conseguir la personificación casi perfecta”. Así ocurría en los tiempos en que la represión se ensañaba contra tal ejercicio, pero hoy en día, pese a mayor tolerancia de las autoridades, cunden los“ espectáculos sin calidad artística que el público no merece”, según Perea, quien agrega que el transformismo tiene que contar con las muchas carencias del país, pero esto no es obstáculo para darlo todo en un escenario y darse a respetar como artista de ese mundo cultural poco explorado. También poco explorado, pero ya en transición, es el mundo que José Clemente Gascón revela en“ Lo marginal cultural o la cultura de lo marginal en la plástica cubana”. Tras largas décadas de rechazo por los estamentos de alta cultura y la elite institucional, lo marginal“ se ha convertido de la noche a la mañana en lo atractivo y tolerado, como demandan el interés y la curiosidad de coleccionistas foráneos”, puntualiza Gascón. Se trata de las prácticas culturales atípicas, genuinas formas
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