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seguras como la familia y, en el peor de
los casos, el yo-egoísta. Se ha perdido
también la visión de Estado por su
remate patrimonial que sirve de asiento
a tres tipos de familias: las familias
consanguíneas de los hermanos Castro
(dinastía sin cobertura divino-teológica,
pero con todos los derechos de gestión
irresponsable), las familias guerreras de
la Sierra Maestra (encerradas en su
burbuja guerrillera) y las familias políticas cooptadas (que sobreviven como
funcionarios sin un liderazgo socialmente construido). El legado de la
Revolución Cuba es, en consecuencia,
un país fallido, sucesiva o simultáneamente rescatado por intereses foráneos
que vuelven a encontrar aquí el espacioenclave apropiado para ejercer sus
geoestrategias culturales, económicas,
políticas y diplomáticas, no siempre en
consonancia con nuestros intereses
nacionales.
¿Por qué país fallido?
El país político se rige por un Estado
segmentado en torno a varias familias
naturales y políticas que mezclan poder
económico, militar, político y simbólico
con la toma de decisiones patrimoniales,
alejados de los cubanos. El país institucional se debilita a través de dos entidades: el Partido Comunista y la Asamblea Nacional del Poder Popular, que
pierden su legitimación social por su
incapacidad natural para expresar la
multiplicidad de intereses y voces culturales, ideológicas y políticas. El partido
comunista sigue reivindicado una superioridad y legitimidad auto otorgadas
para poder ejercer el control sobre la
diversidad de visiones del mundo,
tradiciones culturales y opciones cívicas
de la sociedad cubana. Así legitima, a
través del Artículo 5 de la Constitución,
el racismo institucional. La Asamblea
Nacional del Poder Popular desconectó
a los ciudadanos ―para destruirlos
como entidad― de su derecho legítimo
para formar la voluntad jurídica y acep-
tó la subordinación legal de la voluntad
popular, que dice representar, a la voluntad política e ideológica que se
construye en otros espacios de poder,
como el Buró Político del partido comunista, que se autorediseña como una
especie de Quom tropical y se legitima
a sí mismo para determinar, por encima
de las instituciones civiles del Estado,
los límites de acción estatal y las opciones de la ciudadanía, con independencia
de las elecciones cívicas, políticas y
culturales de los ciudadanos. El país
económico refleja un estado que la
palabra desastre no logra describir. Una
estructura de propiedad sin consistencia,
por su dependencia patrimonial y discrecional del Estado, que explica la
crisis estructural de la agricultura y el
daño estratégico a la seguridad alimentaria. Una planta productiva obsoleta y
una estructura económica que no satisface ni las necesidades internas, ni la
formación heredada de las capacidades
humanas, ni desarrolla ni aprovecha las
ventajas comparativas del territorio, ni
logra armonizarse con los cambios
mundiales en los enfoques creativos, en
los niveles tecnológicos, en la estructura
de los mercados y en la formación de
capital. La venta desesperada de servicios médicos y educativos al extranjero,
en plena contradicción con los fundamentos ideológicos para colocarse en el
circuito mundial del capitalismo, no
sirven estructuralmente para compensar
las necesidades de una sociedad cada
vez más improductiva. Si agregamos el
endeudamiento externo (Cuba es el
segundo país más endeudado del mundo
después de Indonesia), la economía
cubana podría declararse ahora mismo
en bancarrota si no hubieran venido en
su rescate in-coordinado los capitalismos emergentes de Rusia, China y
Venezuela, amén de las opciones abiertas por el capitalismo norteamericano.
El país laboral colapsa. Dependiente de
una estructura económica y de propiedad que no favorecen la productividad
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