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va el apego a lo rural, aunque los personajes campesinos tienden a desaparecer, ya la literatura que se escribe es otra, pero en La Habana se escribe una literatura de ciudad y en provincia todavía se escribe sobre entornos y conflictos de pueblos pequeños, que aparecen reflejados, por ejemplo, en la narrativa del santiaguero Yunier Riquenes y la holguinera Mariela Varona. En este grupo de quienes tienen algo que decir están Maria Liliana Celorrio y sobre todo Gleivis Coro, que me encanta por el manejo de la ironía y me fascina cómo maneja el humor. Por eso creo que la literatura que se gesta en provincia es mucho más auténtica y se comunica más con el lector. Lo que pasa con aquel grupo de habaneros es que se han olvidado un poco del lector. NP: ¿Te ha sido fácil gestar tu trabajo literario? ¿Cómo y dónde escribes? LA: A mí no me es difícil escribir. Escribo en mi mente, lo retengo y cuando puedo sentarme frente a una computadora voy plasmando. Desde luego que eso requiere después una revisión y como escritor soy muy inconforme. Me cuesta mucho quedar satisfecho con lo que hago y no tengo computadora ni la posibilidad de adquirir una, así que escribo donde puedo y como pueda. Escribía mucho en el joven club de mi pueblo, que no es el mejor ambiente, porque tienes gente jugando por todas partes y cuesta concentrarte; no tienes esa habitación para encerrarte con la voz interior, pero al menos tengo cierta capacidad para concentrarme. Así es cómo vengo gestando mi obra. NP: ¿Cómo fue tu experiencia en el Centro de Formación Literaria Onelio Jorge Cardoso? ¿Te sirvió de algo pasar el curso en 2003? LA: De cierta forma el centro hizo lo que hacía Salvador Redonet: tomar a los novísimos, que prácticamente nadie conocía, para publicarlos en una antología que, de alguna manera, es como la presentación en sociedad. Antes eran autores invisibles y así llegaron a existir. Eso pasa un poco con nosotros; cuando entras al centro ya tienes un reconocimiento, pues entrar al centro significa que, de alguna manera, eres escritor, según dictamen del panel de evaluación, y puedes entrar aunque no hayas publicado. Entre quienes entraron conmigo, algunos sí habían publicado, pero muy mala literatura, y otros inéditos eran mucho más talentosos. En fin, que la publicación no tiene que ver necesariamente con el talento o capacidad como escritor. Fue bueno conocer la gente y sus realidades, las maneras de escribir y de pensar. Yo estuve con un grupo que era muy bueno y me aportó mucho. Nunca voy a olvidar esa experiencia. 118