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Reflexiones de una maestra cubana Caridad Tello Maestra primaria Centro Habana La Habana, Cuba S oy maestra por vocación y profesión hace 55 años. De pequeña mi juego preferido era dar clases a las muñecas o a otras niñas; soñaba con ser maestra cuando creciera y esta vocación recibió la influencia de tres tías, excelentes maestras normalistas, y el apoyo de mis padres, quienes estimularon mi interés y logré ser maestra. A estas alturas de mi vida, jubilada hace más de 12 años, pero trabajando de continuo por contrato, a pesar de mis 73 años de edad, me siento feliz al poder educar aún. He participado en todas las    transformaciones de la educación cubana desde 1959: alfabetización, educación de adultos, planes de becas, perfeccionamientos de la educación, validación de programas y otras. Actualmente —y desde hace ya varios años— la educación cubana atraviesa una crisis por falta de maestros en las aulas, que se manifiesta en todas las enseñanzas y no solo en la capital. Ha llegado a todo el país. El Estado ha tratado de resolver esta triste situación mediante diversas y malas medidas, entre ellas: Formación de maestros emergentes en la enseñanza primaria y en computación. De ellos un por ciento ínfimo permanece en las aulas al terminar sus estudios universitarios; la mayoría se desvía hacia otros trabajos. Los profesores generales integrales en la enseñanza secundaria, que tampoco han sido estables. La contratación de profesionales de otras ramas para impartir determinadas asignaturas en los institutos preuniversitarios y tecnológicos. Ninguna de estas tentativas de solución ha resuelto el déficit de maestros en nuestras escuelas. Otro intento ha sido la incorporación de auxiliares pedagógicas o asistentes educativas a las aulas a trabajar como maestras, mediante cursos de superación y la ayuda de maestros experimentados. Los resultados han sido negativos, pues pocos llegan a ser verdaderos maestros o educadores, ya que generalmente son jóvenes que interrumpieron sus estudios al concluir el noveno grado o al transitar por la enseñanza preuniversitaria o tecnológica; otros estudian en la facultad obrero campesina para alcanzar el duodécimo grado. No llegan a trabajar en las escuelas por vocación, sino por resolver transitoriamente problemas económicos. Muchos tienen comportamiento social inadecuado, vocabulario incorrecto, falta de responsabilidad e inestabilidad. Si no están debidamente preparados 56