En espera de vivienda
Yusimí Rodríguez
Periodista La Habana, Cuba
E
l martes 10 de marzo fui entrevistada por Robert Siegel( National Public Radio, EE. UU.). Su interés principal era conocer sobre la desigualdad racial, un tema casi siempre difícil de explicar a los extranjeros, que vienen con la idea de que la Revolución Cubana eliminó el racismo y dio las mismas oportunidades a blancos, mestizos y negros de acceder a estudios y empleos. Negar esto de cuajo no sería ni justo ni verídico, pero afirmar que no hay racismo ni desigualdad racial equivaldría a contradecir incluso a nuestro propio gobierno, que ya ha reconocido( a regañadientes) estos problemas en nuestra justa y socialista sociedad. Sin embargo, explicarlo, y más aún, mostrarlo, mientras paseas por una zona turística de La Habana Vieja, rodeada de hoteles, edificios como sacados de postales, y turistas, resultaba difícil. Aún ignoro por qué mi entrevistador quiso que cruzáramos la Bahía de La Habana en la lanchita y fuéramos a Regla, un barrio habanero que yo no había visitado desde el 2002, cuando acompañé a mi madre a la iglesia. Me avergonzaba que quizás, sabía menos de Regla que Siegel y sus acompañantes: una muchacha que manejaba los micrófonos, el productor y la traductora cubana.
Acabábamos de doblar una de las entrecalles de la iglesia, cuando una embarazada nos vino encima( luego supe que se llama Kirenia).“¿ Ustedes son de Canal Habana? Vengan que lo que ustedes tienen que filmar está allí …”. Nos señaló la entrada de lo que resultó ser un albergue.“ Llevo cinco años viviendo ahí, pero soy caso social desde los 11”. Tenía 32 años de edad. Tuve que decepcionarla. Yo no era de Canal Habana; quienes me acompañaban no eran cubanos ni estaban allí por ella y sus problemas. De todas formas, cruzamos y Siegel tuvo la oportunidad de escuchar su historia y la de otros albergados … por tiempo indefinido, así como de ver el interior de algunos de los estrechísimos cubículos con huellas de humedad y grietas en las paredes, provistos de barbacoas para ganar un poco de espacio. Que Kirenia nos llevara al albergue sirvió quizás para mostrar a Siegel lo que yo no podía del otro lado de la bahía: todas las personas que vimos en aquel albergue eran negras. Sin embargo, yo sentía que no era suficiente que aquellas historias fuesen mostradas como parte de un artículo en que otros eran los protagonistas y le prometí a Kirenia y a su madre( Santa) que regresaría. Me ha tomado más de un mes cumplir mi promesa; estoy casi segura de que Santa …,
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