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circulación al ámbito intelectual o de los entendidos y estudiosos, no a través de premeditados planes de mercadeo, sino por la manera premeditadamente densa de enfocar los asuntos y por las exiguas oportunidades que abre para el debate entre lectores al margen de aquel ámbito. En medio de este panorama (desolador por sus poquedades y desesperanzador quizá como fruto de alguna endiablada estrategia del poder) hemos tenido la gran suerte de asistir al nacimiento de Identidades, cuyos realizadores, sin encomendarse a nadie y sin sentarse a esperar que les caiga del cielo algún acuerdo formal, decidieron ponerla a prueba, desde el primer número, haciéndola circular por la Cuba profunda: desde los barrios habaneros hasta las provincias y municipios y pueblos del interior. Y además, propiciando el debate de sus contenidos al nivel de nuestra gente de a pie, la cual, un tanto por la tradición y otro tanto mayor por las malas influencias y por la deficiente educación, arrastran hoy la doble condena de ser discriminados y discriminadores. Solamente cuatro números, los primeros de la revista, han sido distribuidos en Cuba, pero ya la conocen por igual lectores corrientes de Holguín y Matanzas, de Pinar del Río y Antilla y Santiago de Cuba, de los barrios habaneros del Vedado y Alamar… Parece que Identidades traspasa sin mayores dificultades el difícil umbral de la buena acogida del público en nuestra isla, anegado durante mucho tiempo por las lagunas de publicaciones oficiales —o alternativas entre comillas— incapaces de dar libre curso, sin mediatizaciones y coyundas políticas, a las ideas antirracistas y antidiscriminatorias. Por lo demás, siendo la primera revista gráfica de su tipo que circula aquí, luego de una sequía de varias décadas, como precursora de los nuevos tiempos por la forma en que aborda las realidades discriminatorias que gravitan en la cultura, la economía, el discurrir social y la política de Cuba, e incluso de otras naciones del continente, parece causa suficiente para que Identidades deje su huella entre nosotros. Por fortuna, todo indica que no es lo único que va a dejarnos, puesto que se trata de un proyecto joven y en plena efervescencia, cuyas credenciales son a ojos vista las del que llegó para quedarse. *Trabajo presentado en la Universidad de Puerto Rico. Recinto de Río Piedras. Publicado y cortesía de Diario de Cuba. 141