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IDENTIDADES, LA DEMOCRACIA QUE VIENE LLEGANDO José Hugo Fernández T odavía no se ha reparado suficientemente en el punto de giro que está marcando hoy la revista Identidades, al llevar a los lectores cubanos de todas las regiones del país sus contenidos antirracistas y antidiscriminatorios en suma. Una publicación con su perfil, especializada por la línea editorial y por la competencia profesional de sus realizadores, pero pensada y escrita desde la primera hasta la última letra para el lector común, para aquellos estratos donde más corrientemente se ceban y a la vez prosperan las discriminaciones, constituye no sólo un suceso editorial sin precedentes para nuestra historia en el último medio siglo. También representa un fenómeno político, la señal de que, gústele menos o más al gobierno, corren ya en el país aires auténticamente democráticos pujando por descontaminar la plúmbea atmósfera totalitarista. En este último detalle debiéramos buscar el motivo de la aceptación popular que ya se manifiesta en torno a la revista Identidades, desde el oriente hasta occidente. Sus páginas son un adelanto de la democracia que se nos avecina y que, por más que sea enturbiada y demorada mediante todo tipo de artimañas, ha comenzado a emitir señales. Y es claro que las señales no podrían ser más obvias en el caso de esta revista, en tanto nos muestra algo muy elemental, pero en lo que no pensamos debidamente durante decenios, a saber: que no es posible, ni siquiera serio, proponerse combatir con eficacia las discriminaciones sin haber eliminado antes prejuicios ideológicos y estructuras políticas que son en sí mismas discriminatorias y enemigas de toda emancipación. El público cubano, por más que se diga otra cosa, apenas lee ya las publicaciones periódicas. Por un lado, están los diarios “noticiosos”, que se han pasado toda una vida diciendo lo mismo y aun de la misma forma. Repetir que se han convertido en el sustituto ideal del papel sanitario es ya un lugar común, de dudoso gusto, pero en todo caso la ordinariez no procede de la afirmación ni del hecho que describe, sino de las causas del hecho en sí. Por otro lado, están las revistas especializadas o de género, que se hermanan por un rasgo afín, curiosamente a la medida para dar cumplimiento al dictamen de Nietzsche: “Enturbiar el agua para que parezca más profunda”. Sea por las razones que fueren, las revistas especializadas en temas de discriminación racial o de otra índole que han estado circulando aquí, se limitan a la hora de penetrar con la pertinente hondura en el drama de los discriminados y en la historia que sobre éste pesa. Las prevenciones ideológicas y los compromisos políticos conf orman un verdadero yugo con el cual cargan, al parecer sin remedio, desde su propio nacimiento. Igualmente limitan su 140