Amaba sus flores como nadie más, pero
siempre sentía que la cuidaban desde la
obscuridad, sentía que amaba lo que no
conocía en esta vida.
La nueva Doncella no sabia si llagaría a
amar, pues sabia que su corazón dueño
tenia y le era imposible de negar. Un
Joven Caballero quedo prendado de la
Doncella, y se propuso conquistarla a
ella, cada día una flor le regalaba, cada
día a cuidar el jardín la ayudaba.
Un día en el jardín encontró una Rosa
Negra , un pequeño Rosal de Rosas
Negras. Tales Rosas lo llenaron de
curiosidad, nunca había visto Rosas de
ese color en ningún rosal. Había visto
Rosas Blancas, Rojas, Rosadas, Rayadas
también, pero nunca Negras y eso le era
de sorprender.
Cuando la Doncella, llego él le preguntó
de dónde había sacado esa Rosa de ese
peculiar color, a lo que ella simplemente
contesto que era de su tía fallecida todo
el hermoso rosal que ella cuidaba con
amor desde que nació.
Él se sorprendió pero lo dejó pasar, pues
se había enamorado profundamente de
la joven Doncella. Tanto era su amor que
pidió su mano en matrimonio, lo cual ella
aceptó sin poner alguna objeción.
El tan esperado día de la boda llegó y
todo adornado de rosas quedó, era
hermoso de admirar y de conocer, nunca
se había visto nada igual. Todo el pueblo
se asombro de la magnitud de la
decoración, todo tenia Rosas por donde
se mirase de miles colores adornando
cada espacio.
La ceremonia fue tan hermosa que nadie
llego a notar, que en la fila más alejada
de todos, La muerte se encontraba
observando todo. La muerte miraba
como su gran amor, se casaba.
Siempre la cuido en esta nueva vida, para
que nada le pasara, sabia que en algún
momento a su lado la tendría de nuevo.
Debía esperar a que el momento llegara,
para que en sus brazos ella nuevamente
reposara. La vio tener sus hijos, nietos y
alguno que otro bisnieto. Hasta que por
fin como todo en esta vida ella volvió a él
para amarse toda la eternidad como la
primera vez. Esta vez no habría
impedimento y todo comenzó con una
Rosa. Una única Rosa Negra.