Ideas Escrita Infinito | Page 54

era confuso, pero entendible. Puedo asegurar que como en este momento, no tenía vista, pero procesaba colores, sonidos y texturas. Lo entiendo todo sin saber qué es lo que pasa. Algo que podría ser viento, pasa rozando lo que podría ser mi piel. Nublando lo que en vida me serviría para mirar, hay objetos que podrían ser vapores. Estaba muy confundido hasta que continué con mi camino y llegué al puente. Estaba ahí, ese ser tan privativo, esperando por mí. Dedicándome un suspiro de su inexistencia para hacerme entender algo que ya sabía. Miraba a través de mi conciencia y arrancaba mi ánimo. Pero eso bastó. Luego. Se aparto del puente para dejarme pasar. Cuando estábamos juntos a un paso del tablero, me hizo la siguiente pregunta: - ¿ Q u é h a r í a s d e t e n e r o t r a oportunidad? No sé en qué idioma me lo preguntó, no sé a qué velocidad, lo importante, es que entendí el mensaje tan claro como todo lo anterior. Se mantenía de pie. Algo que le cubría el cuerpo, el cual no estoy seguro qué forma tenía, pero a diferencia de mí, lo tenía. Todo apuntaba a que no esperaría una respuesta. Eso que yo decidiera debía guardarlo para mí, de todos modos, no quería mentirme a mi mismo y menos ahora que gozaba de los que seguramente serían mis últimos recuerdos. En lugar de pensar qué contestar, imaginé a todos los que habían estado anteriormente en mi lugar, todos. No hay mortal en ninguna parte que pueda esconderse del puente, solamente puede retrasar su encuentro con él. Y entonces pensé en todos mis familiares, cercanos y lejanos, en mis amigos, en sus amigos, en cada hombre que dejó sus pasos en el lugar que ahora yo dejó los míos. En cada ser que tomó una decisión, que f u e l í d e r, a r t i s ta , e m p re s a r i o, filántropo, hijo, padre, hermano, nieto, abuelo, amigo. Todos ellos pasaron por aquí. Tengo a los míos, pero, ¿A quienes imaginas que estuvieron aquí? Seguramente alguien que marcó tu vida y no conociste. Lo único claro ahí, eran el puente y quien te conectaba con él. -¿Qué hay del otro lado?- me atreví a p r e g u n t a r c o n t e m o r d e q u e comprendiera con exactitud lo que pedí. Sentí cómo una daga esa ausencia de sentimientos que rodearon el espacio, si así puede llamársele, en el que me encontraba. La respuesta, yo la sabía. Pero me contestó tan claramente como pudo a pesar de estar consciente de mi comprensión.