era confuso, pero entendible. Puedo
asegurar que como en este momento,
no tenía vista, pero procesaba colores,
sonidos y texturas. Lo entiendo todo
sin saber qué es lo que pasa. Algo que
podría ser viento, pasa rozando lo que
podría ser mi piel. Nublando lo que en
vida me serviría para mirar, hay objetos
que podrían ser vapores. Estaba muy
confundido hasta que continué con mi
camino y llegué al puente.
Estaba ahí, ese ser tan privativo,
esperando por mí. Dedicándome un
suspiro de su inexistencia para
hacerme entender algo que ya sabía.
Miraba a través de mi conciencia y
arrancaba mi ánimo. Pero eso bastó.
Luego. Se aparto del puente para
dejarme pasar.
Cuando estábamos juntos a un paso
del tablero, me hizo la siguiente
pregunta:
- ¿ Q u é h a r í a s d e t e n e r o t r a
oportunidad?
No sé en qué idioma me lo preguntó,
no sé a qué velocidad, lo importante,
es que entendí el mensaje tan claro
como todo lo anterior.
Se mantenía de pie. Algo que le cubría
el cuerpo, el cual no estoy seguro qué
forma tenía, pero a diferencia de mí, lo
tenía. Todo apuntaba a que no
esperaría una respuesta. Eso que yo
decidiera debía guardarlo para mí, de
todos modos, no quería mentirme a mi
mismo y menos ahora que gozaba de
los que seguramente serían mis
últimos recuerdos. En lugar de pensar
qué contestar, imaginé a todos los que
habían estado anteriormente en mi
lugar, todos. No hay mortal en ninguna
parte que pueda esconderse del
puente, solamente puede retrasar su
encuentro con él. Y entonces pensé en
todos mis familiares, cercanos y
lejanos, en mis amigos, en sus amigos,
en cada hombre que dejó sus pasos en
el lugar que ahora yo dejó los míos. En
cada ser que tomó una decisión, que
f u e l í d e r, a r t i s ta , e m p re s a r i o,
filántropo, hijo, padre, hermano, nieto,
abuelo, amigo. Todos ellos pasaron por
aquí. Tengo a los míos, pero, ¿A
quienes imaginas que estuvieron aquí?
Seguramente alguien que marcó tu
vida y no conociste.
Lo único claro ahí, eran el
puente y quien te conectaba con él.
-¿Qué hay del otro lado?- me atreví a
p r e g u n t a r c o n t e m o r d e q u e
comprendiera con exactitud lo que
pedí. Sentí cómo una daga esa
ausencia de sentimientos que rodearon
el espacio, si así puede llamársele, en
el que me encontraba.
La respuesta, yo la sabía. Pero me
contestó tan claramente como pudo a
pesar de estar consciente de mi
comprensión.