En la vida, pocas cosas son
como te las esperas, pero en
la muerte, ¿Qué hay? Existe
un sentimiento que desde
que tengo memoria, la cual
no puedo precisar cuándo
c o m e n z ó , n i c u á n d o
t e r m i n a r á , m e h a
acompañado hasta este
momento. Ahora que me
encuentro aquí, de pie frente
a l p u e n t e l u e g o d e
comprender un lenguaje
desconocido al menos para
mí, no sé para los artistas o
para los que toda su vida
estuvieron encerrados o
fueron silenciados, me doy
cuenta que el propósito de la
vida nunca estuvo en vivir.
A l p a s o d e l o s a ñ o s
a d q u i r i m o s s a b i d u r í a ,
decidimos madurar y abrir
nuestras mentes, dejamos
pasar cosas, decidimos
olvidar, perdonar, aprender,
pero siempre buscamos
acercarnos más a la verdad,
ya sea a nuestra verdad o a la
verdad que nos enseñan,
pero al final siempre será
n u e s t r a d e c i s i ó n . S i n
embargo, el sentimiento del
que te hablo es el cual te
atemoriza mientras buscas
cual es el propósito de tus
pasos. Ese vacío que no se
completará más que cuando
abras en verdad los ojos.
Comienza en tu estómago,
en la parte más profunda de
tu corazón y en lo más
oscuro de tu conciencia,
luego, aborda tu sistema
nervioso, tu pulso se acelera,
el aire no te es suficiente y
acabas rindiéndote ante él
sin aceptar que tiene razón.
Ese sentimiento que te
confiesa que en algún punto
de la existencia uno de tus
pies no tocará el suelo de
n u e v o y v i v e p a r a
atormentarte desde que
tienes conciencia hasta que
abres los ojos. Pero, aun
sabiendo que es la pesadilla
que estará contigo sesenta
segundos, cada minuto de
veinticuatro horas durante
siete días a la semana por el
resto de tu vida, es algo que
deseas. Lo deseas más que a
una pareja, más que al amor,
más que cualquier cosa que
puedas tener en vida porque
esto solo lo tendrás una vez
y, en el momento que lo
a d q u i e r a s , n o h a b r á
devoluciones, por eso tienes
miedo, porque deseas algo
que no sabes si en verdad
quieres o no…
Abrí entonces los ojos, todo