Ideas Escrita Infinito | Page 48

Prisión Salemnico Venezuela, Mérida Me encuentro en una prisión. Y creo que es la peor de todas. Me ha quitado tantas cosas que ya no sé por dónde empezar. Se ha llevado mis libertades, mis esfuerzos, mis problemas y los pesares que me hacían humano. Sin tener barrotes, es absolutamente rígida. Absoluta. Y de lo que me ha robado, lo que más me duele, es el tiempo. Ya no recuerdo qué se siente ver pasar un segundo o un minuto. Mi cuerpo ha dejado de percibir la urgencia propia del paso de los días. Y eso me encoge el alma. Me marchita. Me encuentro, como casi siempre, sentado. Apartado. Sé que mis ojos están abiertos, pero la cárcel donde me hayo no me deja ver nada. Me refugio, desde hace mucho, en el único lugar que me queda. Si bien esta cárcel donde vivo me ha arrebatado hasta el mismísimo tiempo, se le olvidó llevarse este espacio íntimo donde me escondo y me encuentro con lo que queda de mí. Ha sido aquí donde he visto todo lo que fui, sentí y conocí, irse, esfumarse en medio de esta nada densa y pesada que me encierra. Mi prisión es visitada por sombras que van y vienen. No llegan nunca aquí, donde estoy. Solo visitan las cercanías de mi cárcel. La mueven de un sitio a otro y la verdad poco me importan. Ya no escucho sus voces como antes. Ahora solo siento sus presencias que juran Sé que no falta mucho para que mi prisión se derrumbe. He visto cómo las paredes se han ido comprimiendo cada vez más. La oigo crujir en las noches y la nostalgia viene a visitarme y a contarme historias añejas que me parece haber oído en otras voces tiempo atrás. Mi prisión se ha hecho vieja y cuando se derrumbe seré por fin libre. Le contare, a quien me reciba luego de todo esto, qué resistí lo irresistible.