Ideas Escrita Infinito | Page 40

El Pago Aline Rodríguez Ciudad de México Las gotas de sudor comienzan a resbalarse por mi cuerpo. El día es excesivamente caluroso. No deseo trabajar. Pero ya no quiero seguir esperando, el teléfono no suena y mis manos arden de dolor. Consiente estoy de que me marche de sus vidas para que fueran felices, entonces no comprendo porque estos espasmos me sofocan. Me toca vivir mi propio viaje aunque sea demasiado corto. Me quedo observando el celular, nada. - ¡Maldito tiempo! Miro a mi equipo y lo único que puedo sentir por ellos es repulsión. Nos hemos equivocado. Me sobresalto. - ¡Estúpido celular, ya llegó la hora! Me levanto del banco, tomó la pistola que está en la mesa y me dirijo a la puerta.Las camionetas nos esperan, como lo había prometido. Otra vez esa imagen donde la leche de recién nacido me golpea, sé que soy un hombre de la calle pero odio sentirme como un hijo de puta.El recorrido se vuelve interminable, yo solo quiero matar para aliviar a mis demonios. Llegamos finalmente a la cita, un lugar desierto, un lugar muerto. Una casa de gente rica, puro galán de pollería. Será como cualquier casería, mucha sangre, poco veneno, cadáveres caídos. Todo me dolerá está noche así que no necesitare inhalar mota para dormir. Menos mal. Bajamos de las camionetas, caminamos hacia la entrada de la puerta y uno de los chicos avienta por la ventana una de las bombas de gas lacrimógeno. Se escuchan gritos dentro de la casa. Doy la señal, entramos sin aviso previo. Sabemos que debemos hacer. Entrar a ese recinto me incomoda. Demasiada luz para tanta oscuridad. La técnica es la misma de siempre, sacar las armas, matar y matar. Le disparo a dos abuelos que están frente a mí. Me rio, aún tengo miedo. Subo las escaleras que dan hacia los cuartos de arriba, con el arma en la mano, me dirijo lentamente hacia la derecha, ahí hay una habitación, entro pero me quedo paralizado. El rostro que me había estado persiguiendo por años estaba delante de mí, ya no tan angelical como lo recuerdo, golpeado y magullado me veía con ojos asustados. Mi mujer. No comprendo, ¿qué está pasando? Siento un que un frio me recorre la espalda.