How to Coach Yourself and Others Coaching De Vida | Page 120
¿Cómo funcionan las emociones?
Cuando un acontecimiento cualquiera nos influye, necesitamos valorar en qué
medida nos afecta y darle un sentido. Para ello realizamos un doble análisis: Por
un lado hacemos una valoración de la situación, lo que implica y, después, le
damos sentido con nuestras creencias, expectativas y deseos.
Es decir, con nuestra historia y aprendizajes anteriores sobre acontecimientos
parecidos. Pero ¿cómo damos sentido a un acontecimiento o una situación en
términos emocionales? En primer lugar hacemos una valoración de la situación,
en la que tratamos de percibirla en busca de claves que nos indiquen la mejor
respuesta. Atendemos a las características de la situación, su influencia sobre
nuestro bienestar y los recursos que tenemos para afrontarlo.
Evaluación Primaria. La evaluación que hacemos del acontecimiento o
estímulo, dará lugar a una respuesta diferente en función de que la misma sea percibida como -Valoración
irrelevante: La situación es evaluada como indiferente, sin ninguna implicación para la persona y sus deseos o
metas - Valoración beneficiosa: La situación se percibe como favorable o facilitadora para conseguir el
bienestar personal y los objetivos marcados - Valoración estresante: En ella se distinguen tres tipos de
valoraciones: Daño o pérdida: Situación percibida como causante de algún daño físico, psicológico o social.
Amenaza: La situación anticipa posibles daños o pérdidas que la persona intuye que van a ocurrir. Desafío:
Aunque se anticipan posibles perjuicios, se percibe un control potencial de la situación.
Al mismo tiempo buscamos un encaje del estímulo, de la situación, en nuestro esquema de las cosas. Es como si
lo pasáramos por nuestros moldes para ver en cuál de ellos encaja. Para ello tomamos como plantilla nuestra
propia historia ante acontecimientos similares, nuestro aprendizaje, y utilizamos: Creencias: Conclusiones a las
que llegamos sobre el mundo, las personas…, Pensamientos: Diálogo interno. Expectativas: Nuestro
entendimiento de las personas, del mundo o de nosotros mismos, nos dirán lo que esperar a continuación, ante
lo cual nos prepararemos. Deseos: Este tipo de acontecimientos cubren o no los propios deseos. Objetivos: Este
tipo de acontecimientos nos ayudan en nuestros objetivos o nos obstaculizan.
En toda esta movilización encontramos las claves precisas para dar una respuesta lo más ajustada posible a
nuestros intereses y necesidades. El proceso de dar sentido es mucho más consciente las primeras veces que nos
encontramos ante un nuevo acontecimiento, pero poco a poco, a medida que llegamos a conclusiones, que
aprendemos, dejamos de plantearnos estas dudas. Si bien es cierto que este proceso no se da siempre a un nivel
reflexivo consciente, sí podemos acceder a nuestros propios criterios de evaluación de las situaciones y poder
así cambiarlos. A partir de aquí, una vez que hemos dado sentido al estímulo, se desencadena la respuesta
emocional, la cual nos predispone a una acción determinada.
La predisposición a la acción lleva a tomar las medidas oportunas para hacer frente a las exigencias del
acontecimiento: actuamos. De nuestra actuación se derivan unas consecuencias sobre nosotros y los demás y
llegamos a ciertas conclusiones. Las conclusiones a las que llegamos, finalmente se almacenan para la próxima
vez que tengamos que dar sentido a un acontecimiento parecido.
Las conclusiones de nuestras acciones se convierten en aprendizajes que construirán el nuevo acontecimiento,
es decir, le darán sentido y, previsiblemente, nos ayudarán a adaptarnos mejor la próxima vez. Este mecanismo
perpetúa las emociones ante las situaciones, como un modo más efectivo y rápido de adaptarse a ellas.
(http://www.coachingexito.com/inteligencia-emocional/icomo-funcionan-las-emociones)