Sus piezas no son solo lámparas o mesas: son sueños solidificados.
Sus piezas— como la lámpara de pie Plume Fox de gres ahumado, la mesa Buffalo con su acabado en terra sigillata, o la lámpara colgante Owl con cadena de acero forjada a mano— revelan una estética que ella misma define como“ quijotesca”: romántica, mítica y profundamente artesanal. El latón envejecido, la madera nudosa y el bronce fundido conforman su paleta material preferida, elementos que requieren tiempo y paciencia para dominar.“ Siempre me han atraído los objetos que no se pueden producir rápidamente y que tienen un límite de tiempo diferente”, reflexiona.“ Para mí, estos objetos y esta forma de trabajar son especialmente significativos y proporcionan un complemento muy necesario a la vida contemporánea”.
De Nueva York al Empordà: un sueño dentro del sueño La trayectoria de Barron es tan poco convencional como su obra. Tras estudiar Cerámica en el Kansas City Art Institute y la Universidad de Nueva York, obtuvo una maestría en Arquitectura de Interiores del Pratt Institute. Pasó la mayor parte de su vida adulta en Nueva York, donde fundó su estudio en 2005, antes de dar un giro radical hacia España.“ Viví primero en Andalucía durante unos cuatro años. Tiene extensiones de naturaleza salvaje que son embriagadoras, pero al final me resultó difícil mantener mi práctica creativa allí”, recuerda. Fue una visita al norte de España la que cambió todo.“ Me enamoré de la belleza del Empordà y de la magia tranquila del pueblo catalán. En ese momento estaba considerando regresar a Nueva York, pero las estrellas se alinearon para mí aquí y se ha convertido en mi hogar”.
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