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tinto. Su estudio recibía luz directa del sur y el poniente, lo que lo hacía prácticamente inutilizable por las tardes. Pero la mayor contradicción estaba en la circulación: las escaleras eran estrechas, curvas y con peldaños en voladizo, incompatibles con las limitaciones de movilidad que Kahlo arrastraba desde el accidente sufrido en su juventud. Como señala el arquitecto Rodrigo Mazari,“ la casa de Frida era inhabitable para ella”.
Espacios de creación versus espacios de servicio
La distribución interior refuerza esta lectura. El volumen de Rivera concentraba espacios de creación y representación, incluyendo un cuarto para modelos. El de Kahlo albergaba la cocina, la estancia y las áreas de servicio. En la práctica, Frida no habitó mucho tiempo el conjunto y tras la separación de la pareja en 1939, se mudó a la Casa Azul en Coyoacán.
Un patrimonio que también guarda silencios
Hoy el inmueble funciona como museo y fue declarado Patrimonio Artístico de la Nación en 1998. Recorrerlo es leer entre líneas: una obra que proclamaba la función como principio rector, pero que no fue funcional para una de sus habitantes. La arquitectura, como el arte, también refleja las desigualdades de su tiempo.
Las casas se han vuelto edificios icónicos de la arquitectura mexicana.
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