Los diseñadores mexicanos Raúl de la Cerda y Rodrigo Noriega han revisitado al ratón y lo llevaron al terreno sofisticado con cada pieza de la colección que también implicó un recorrido por una diversidad de materiales como madera, piedras y metales.
A primera vista, podrían confundirse con los restos de una antigua civilización desaparecida. Torres de adobe, una enorme escalera que apunta al cielo y una gigantesca espiral trazada sobre la arena emergen en el paisaje árido del sureste de Marruecos, creando una escena que parece sacada de una película de ciencia ficción o de una expedición arqueológica. Sin embargo, estas estructuras no pertenecen al pasado. Son obras de Land Art, una corriente artística que utiliza el propio paisaje como parte de la creación. Construidas con piedra, barro y arena del lugar, buscan integrarse con el entorno en lugar de transformarlo, demostrando que la arquitectura también puede dialogar con la naturaleza.
Arquitectura que nace del paisaje
Lejos de convertirse en una atracción turística convencional, estas intervenciones fueron concebidas como una reflexión sobre la relación entre el ser humano, el territorio y el universo. Ubicadas cerca de la localidad marroquí de Jorf, las estructuras parecen surgir naturalmente del desierto gracias al uso de técnicas constructivas tradicionales y materiales locales. El resultado es un conjunto que cambia de apariencia con la luz del día y que, desde la distancia, se funde con los tonos ocres del paisaje. Más que edificios, son espacios para recorrer, contemplar y experimentar.
Los diseñadores mexicanos Raúl de la Cerda y Rodrigo Noriega han revisitado al ratón y lo llevaron al terreno sofisticado con cada pieza de la colección que también implicó un recorrido por una diversidad de materiales como madera, piedras y metales.
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