Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 98
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
cosa. Cuando aquel apagón se producía la tragedia estaba servida, y de
todos sus infaustos ingredientes había uno que quemaba especialmente la
lengua: el ridículo.
Con doce años estoy seguro de que Arthur Rubinstein nunca había oído
hablar del vacuum en su aldea natal de Lodz, pero lo sintió hasta el tuétano
cuando lo desafió al casar su edad musical con la neurológica y algo salió
rematadamente mal. Mal y ofensivo, teniendo en cuenta que se hallaba
celebrando su primer concierto en público ante sus conocidos y amigos. Tras
ejecutar con solvencia el Concierto en La mayor de Mozart y ser aclamado
por el auditorio el niño se dijo aquello de que quien puede lo más puede lo
menos, de manera que se lanzó a tocar propinas tal como vio que hacían los
mayores ya consagrados. La primera fue la última, en concreto el Duetto de
las Romanzas sin palabras de Mendelssohn. Así lo cuenta Rubinstein en Mis
años de juventud:
Comencé a tocar la romanza, sonreí a mis amigos y comencé
a pensar en todo menos en la música. De repente, ¡zas!, la
catástrofe: mi mente está en blanco, no puedo recordar una
sola nota. Lo único que sé es que la pieza está en la bemol
mayor, de forma que sin parar un segundo, con el corazón
paralizado, comienzo a improvisar. Elaboré sin problema un
tema en la bemol, pero nada tenía que ver con Mendelssohn.
Luego de unas cuantas modulaciones inventé un tema
secundario en tono menor, para contrastar; lo elaboré un poco
y volví al romántico tema en la bemol mayor. La coda fue un
arpegio delicado, tocado pianissimo con un pedal suave. Como
a todas luces el público no conocía la pieza la celebró con el
mismo entusiasmo que antes.
La distracción por antonomasia bien se puede adjudicar a uno de los más
nuestros: Pablo de Sarasate. Es comprensible que un pianista se pierda
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Preparado por Patricio Barros