Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 83
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Saint-Saëns tenía el mismo problema de oído. No sólo ganó a Gieseking en
cinco años para aprenderse a los diez todas las sonatas de Beethoven, sino
que esa increíble facultad la conservó hasta el final de sus días, asombrando
a propios y extraños. De los propios el más notable fue el mismísimo Richard
Wagner, de quien alza un tributo en su Autobiografía cuando le conoció en
París en 1860, contando Saint Saëns con veinticuatro años. De él le hechizó
no sólo «una seguridad y rapidez del todo insuperables en la lectura a
primera vista de las más complicadas partituras de orquesta», sino también
«una retentiva digna de admiración», ya que «sabía tocar de memoria mis
partituras, a las que se sumó también el Tristán».
La memoria auditiva de Shostakovich también brillaba con luz propia. Corría
el otoño de 1928 (22 años) cuando en el domicilio del director de orquesta
Nikolai Malko alguien puso al tocadiscos el fox trot Tea for two, de la
comedia musical No, no, Nanette, tras lo cual Malko retó a Shostakovich a
demostrarle su genialidad mandándolo a una habitación y proponiéndole
anotar de memoria la pieza e instrumentarla, nadería que debía hacer en una
hora. Shostakovich solicitó una nueva audición, puso toda la atención y entró
con
una sonrisa
en
el
cuarto.
«Sólo
necesité
45
minutos»,
refirió
vanidosamente a su biógrafo Volkov. La pieza se publicó como Tahiti Trott
con el Op. 16. Durante toda su vida dio Shostakovich pruebas más o menos
accidentales de aquellas facultades. Cuenta Krzysztof Meyer cómo en cierta
ocasión visitó Leningrado un grupo de compositores moscovitas para conocer
las obras de sus colegas de profesión. En aquel cruce musical se interpretó
una suite sinfónica, por entonces inédita, del compositor moscovita Vladimir
Fere. «Por la noche Shostakovich invitó a los músicos al cine en que tocaba
el piano y, para sorpresa de los asistentes, reprodujo fielmente la pieza que
había escuchado sólo una vez».
En la Rusia soviética hubo quien sacó de contrabando información sensible
en microfilmes, como el escritor Vasili Grossman; en el Berlín de la Guerra
Fría se copiaban los planos aeronáuticos dignos del más reservado secreto
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Preparado por Patricio Barros