Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 74
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
Thibaud se enteró al llegar puso el arco en el cielo, dado que hacía años que
no tocaba la pieza, pero como era un hombre de tantos recursos como
trampas se presentó al ensayo el día del concierto, tiró de memoria como
Teseo de hilo en el laberinto y la interpretación fue magistral. Salvo un
pequeño detalle. Cuando llegó el momento de la cadenza no recordaba una
sola nota, así que empezó a improvisar con la maestría que de él predicaban
los titulares periodísticos desde hacía décadas. Al final del ensayo sudó en
frío cuando los músicos de la orquesta se le acercaron, sin estar muy seguro
de cuáles eran sus intenciones. «Bravísimo —dijeron—. ¡Y qué cadenza!
¡Nunca la habíamos escuchado!». Thibaud respiró aliviado cuando les
confesó: «Yo tampoco».
Otros ejemplos realmente sorprendentes nos vienen de intérpretes algo
menos conocidos, pero que tienen su sitial en la historia, siquiera por haber
sido maestros de celebridades consagradas. Seguro que al chileno Alberto
Guerrero, nacido en 1886, no lo solemos llevar en el porta-CDs de nuestro
coche, pero si descubrimos que fue el profesor de piano más importante (por
no decir el único) que tuvo Glenn Gould la cosa cambia. Su memoria era
sencillamente prodigiosa. Cuando posaba los ojos en una partitura las notas
le saltaban al cerebro y allí se instalaban de por vida, adheridas, o más bien
petrificadas, como trilobites. De niño escuchó el Sansón y Dalila de Saint
Saëns con tal delectación que cuando salió del teatro corrió a su casa, se
sentó al piano y tocó la ópera completa de memoria. Otro de los ejemplares
con infancias que respigan es Arthur Rubinstein. Su memoria era tan antigua
como su primer lloro. La visita a su natal Lodz (Polonia) de una pequeña
orquesta le dejó maravillado. No era para menos, dado que los músicos
tocaron Peer Gynt, obra que le conmocionó hasta el punto de irse corriendo a
casa y tocarla entera de memoria ante el asombro de su familia. Tenía siete
años. Hoy día lo de irse corriendo a casa es normalmente una tendencia
exacerbada en la infancia cuyo propósito es encender una Gameboy, una
Play Station o una sencilla y ya casi obsoleta televisión, así que no deja de
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Preparado por Patricio Barros