Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 507

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron Los comistrajos de uñas formaban parte indudable de esa disfunción del sistema nervioso periférico. El pianista americano Louis M. Gottshalk, contemporáneo de Chopin y admirado por este, por Liszt y por Thalberg, tenía la manía de morderse compulsivamente las uñas. El pianista inglés Richard Hoffman decía que casi carecía de ellas y aseguraba haber visto sangre en el teclado durante uno de sus conciertos. También Mahler apoyaba la causa nerviosa allá donde iba, incluyendo el dormitorio o el cuarto de baño. Cualquier lugar era bueno para afilar los dientes en un mundo plagado de enemigos o de ignorantes. Su amigo y artista Alfred Roller dejaba este testimonio: «Tenía las uñas muy cortas y comidas, casi por debajo de la piel, y sólo gradualmente tuvo Frau Alma cierto éxito en su campaña contra esa mala costumbre». Como en el podio de dirección no quedaba muy correcto llevarse los dedos a la boca Mahler hubo de sacudir su ansiedad con otros recursos, lo que llevó a Willibald Kähler, director de la ópera de Mannheim, a preguntarse por la costumbre que tenía de agarrarse la solapa izquierda de su frac. Interrogado al respecto el maestro despejó la incógnita: «Es la única forma de relajarme». Shostakovich era un descabalado coleccionista de tics imposibles de pasar desapercibidos. El periodista Gerd Ruge dejó testimonio de ello en una entrevista que le hizo en 1959 (53 años): «Cuando le pregunto algo se me queda mirando fijamente, como hipnotizado. Cuando responde mira a todas partes y a ninguna, se pasa las manos temblorosas por el cabello, juguetea con el cordón de un zapato, se toca la patilla de las gafas… Habla deprisa y luego se interrumpe, como a golpes». Marineros en tierra Algunos aprovechaban para atar en el mar los cabos que tenían sueltos en su vida diaria y no eran capaces de resolver. Mendelssohn hubiera sido feliz viviendo cabeza abajo, y no necesariamente en tierra, como Menuhin. Sus palabras no dejaban lugar a dudas: «El mar ha sido y habrá de ser siempre para mí la obra más hermosa de la naturaleza. Experimento un goce siempre 507 Preparado por Patricio Barros