Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 49
Historia insolita de la musica clasica I
www.librosmaravillosos.com
Alberto Zurron
nuestra nación en vender al exterior una imagen negociada a medias entre el
arte y la idiosincrasia, y así fue como en 1897 Strauss (33 años) dirigió en
Barcelona la Heroica, el preludio de Los Maestros Cantores, el preludio de su
Guntram y su Don Juan. Siendo la ovación final arrolladora, el anonadado
Strauss la situó en los justos términos de lo que quizá nuestra nación se
merecía, a caballo entre la admiración y la sibilina denigración. Así es como
escribió a su padre: «Esta clase de aplausos es nueva para mí. La gente de
aquí debe de estar habituada a ello por su afición a las corridas de toros».
Caracteres y cuentas bancarias: una preocupante falta de saldo
Se podría destinar un último apartado a la humillación que no pocos clásicos
hubieron de soportar fruto de sus desventajas vitales, de su pobreza y hasta
de su episódica debilidad de carácter, incluso en los más temperamentales.
Se sabían indignos de los bajos estratos que ocupaban y ello añadía una
pincelada de sarcasmo, cuando no de veneno, al papelón que pintaban en la
vida. El exasperado carácter de algunos les hacía desandar el habitual
camino de la arrogancia para optar por el de la intransigencia, que era una
apuesta más segura y una distancia más corta en la caída.
Satie y su amigo el escritor Contamine de Latour compartían en Montmartre
algo más que su pasión por la música. Latour contó a Blaise Cendrars cómo,
teniendo alquilado ambos un dormitorio en el suburbio parisino, compartían
el mismo pantalón de gala, dada la imposibilidad de comprarse otro ejemplar
y la irracionalidad del gasto que ello representaría, al contar ya con uno.
Contamine lo usaba para trabajar de día y a primera hora de la tarde le
trasladaba el testigo a Erik, quien de esa forma se aseguraba la decencia
cuando menos hasta la madrugada, tocando el piano en el Chat Noir.
Quien directamente delegaba sus pantalones en casa era Richard Strauss. En
concreto con su mujer Pauline (todo un carácter), quien al parecer no sólo
mandaba en el hogar, sino también en su música. Impropia de un talento y
de un carácter como el de Strauss es una escena que ha dejado sobre su
49
Preparado por Patricio Barros