Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 488

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron marino, que su bebida favorita era el café y que su lema vital era «siempre más arriba». Una de las pasiones de Chaikovski era la redacción de cartas, tarea impuesta por su misantropía y el escaso contacto con el resto de la humanidad. Sólo las enviadas a su amigo el crítico musical Herman Laroche suman más de cuatro mil. Cuando con motivo de la guerra en 1914 el violinista Ysaye hubo de abandonar su casa de Bélgica colocó un cartel en la puerta tan efectivo como la sangre del cordero en los dinteles de las casas hebreas: «Esta propiedad pertenece a un artista que ha vivido y actuado en culto a Bach, Beethoven y Wagner. ¡Respetadla!». Fue, efectivamente, respetada. Georg Solti conoció muy bien en su niñez al compositor húngaro Zóltan Kodály porque fue su profesor en la Academia Liszt de Budapest. En sus Memorias recordaba cómo Kodály se había adscrito al vegetarianismo, se daba duchas de agua fría a modo de cura y predicaba las ventajas de andar descalzo, lo que hacía abiertamente por la Academia. A Saint-Saëns le apasionaba el universo. Con veintidós años compuso seis dúos para armonio y piano por encargo del constructor de pianos Debain y con su producto no peregrinó a Alemania para escuchar las óperas de Wagner, como solían hacer todos en el año 1858 y sus alrededores, sino que se compró una lente de ocho centímetros de diámetro que hizo fabricar ex profeso para otear las entrañas del cielo. A algunos americanos les tiraba el chovinismo más que a los propios franceses, que ya es decir, como el pianista Van Cliburn, que empezaba todos sus recitales interpretando el himno americano. ¿Ponemos punto final a Satie? El compositor siempre llevaba con él un paraguas. Su amiga librera Sylvia Beach aseguraba haberlo visto con él en todo momento, hiciera sol o lloviese, quizá como protección. Según Madeleine Milhaud, «si por causalidad se lo estropeabas nunca más volvías a 488 Preparado por Patricio Barros