Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 47
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
con un símil mordaz: «Parece jamón cocido». Sin embargo el propio Scriabin
recibió su merecido kármico cuando Shostakovich dijo de su música que toda
ella era «una mezcla de teosofía con perfumería». Al muy sinestésico
Scriabin, tan amigo de la combinación inteligente de los colores, le habría
encantado por partida doble la forma en la que Debussy se refirió a la música
de Grieg: «Un bombón rosa relleno de nieve». Tampoco Wagner parecía
apreciar demasiado la música de Offenbach, la cual a su juicio «desprendía
un calor de estiércol donde habían ido a revolcarse todos los cerdos de
Europa». Herr Schönberg, por su parte, llegó a temer mucho más al cartero
que a la falta de inspiración, pues la gloria podía llegar con mayores
garantías a través del primero que de la segunda. Lo que Richard Strauss le
devolvió a través de un funcionario de Correos contribuyó sin duda a la
gloria… de sus detractores. Se las dejó en mano y escrupulosamente
empaquetadas. Eran las partituras de sus Piezas para orquesta, enviadas
tiempo atrás a Strauss y ahora devueltas con una nota de sentido pésame
por aquella música venida al mundo con tantas malformaciones congénitas:
«Me es muy doloroso tener que reenviarle sus partituras sin poder aceptar
su ejecución […]. Sus piezas son, tanto por su contenido como por el sonido,
experimentos tan audaces que por el momento no puedo atreverme a
presentárselas al más que conservador público de Berlín». Ni a ningún otro
público, quería decir en el fondo. Para Strauss el infierno no eran los otros,
sino la otra música, toda aquella que no fuera la suya. Y si no que se lo
pregunten al domador domado siquiera por un día, a Gustav Mahler. En
marzo de 1891 (30 años) deja Hungría y ficha por la dirección de la Ópera de
Hamburgo, ciudad en la que su admirado von Bülow ejercía como director de
la Filarmónica. Fue en otoño cuando tuvo la oportunidad de tocar para él
(que a la sazón contaba con 61 años) una de sus composiciones, eligiendo
para el egregio momento el primer movimiento de su Segunda Sinfonía,
llamada «Resurrección», que tenía inconclusa. El bajón de moral debió de ser
notable cuando Mahler levantó la vista mientras tocaba y…:
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Preparado por Patricio Barros