Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 469

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron que regreso a casa, y todas las personas a las que amo me parecen tan pobres, tan grises. Las mismas oleadas de adrenalina cubrían a Debussy cuando se dejaba mecer en el océano wagneriano. No bien escuchó Parsifal en París en 1903 (41 años) manifestó: «Este es uno de los monumentos más bellos que han sido levantados jamás a la gloria eterna de la música». Sin embargo, como no hay mal que cien años dure, en una entrevista posterior le confesaría al musicólogo Louis Laloy: «Fui a Bayreuth, como todos, y lloré hasta el hartazgo con Parsifal. Pero cuando volví conocí Boris Godunov y eso me curó». Una de sus tablas de salvación para soportar el mortal aburrimiento en la Villa Médicis de Roma tras ganar el Prix du Rome fue precisamente la partitura de Tristán, ante la que dijo haberse pasado horas y horas hasta sentirse wagneriano y «olvidar los principios más elementales de la cortesía». Según una carta escrita a los veintiocho años a su amigo Pierre Louys: «Es Tristán quien nos impide trabajar. No se ve… Yo no veo… lo que se puede hacer más allá de Tristán». Esa ópera siguió causando estragos París arriba, París abajo. Ravel se hubiera llevado las manos a la cabeza de saber lo que hizo el violinista Ysaye al llegar a casa tras escucharla por primera vez: echar los zapatos al fuego para no tener que ocuparse en algo tan prosaico como desatárselos. El pianista Ricardo Viñes fue amigo de juventud de Ravel. En una entrada de su Diario de 1897, teniendo Ravel veintidós años, cuenta Viñes cómo juntos escucharon la obertura de Tristán hasta que en un momento dado Ravel puso la mano sobre la suya y advirtió cómo «él, Ravel, el excéntrico décadent, temblaba violentamente y lloraba como un niño pequeño». Cuando Glenn Gould se arrodillaba ante las obras completas del alemán siempre tenía muy claro qué había de poner en el tocadiscos. «Adoro Tristán —escribió—. Tenía quince años cuando lo escuché por primera vez y lloré». El director Bruno Walter describía en 1947 el fuego que le arrasó desde que la primera nota de Tristán inflamó sus oídos: 469 Preparado por Patricio Barros