Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 466

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron se debía tocar aquel pasaje concreto. Tras la corrección sobre las teclas De Pachmann se volvió a un público divertidísimo con aquello y le explicó que jamás hubiera hecho ese favor a nadie, sólo a Godowski, por tratarse del «segundo mejor pianista del mundo». Del primero sólo estaba seguro De Pachmann… En 1919, durante un concierto de Busoni, se arrojó al escenario para besarle la cola del traje asegurando estar ante el más grande intérprete de Bach, pero aclarando a Busoni que este se hallaba sin embargo ante el mejor intérprete de Chopin. A De Pachmann le encantaba dialogar con la gente, sólo que usualmente escogía el lugar más inoportuno, siendo frecuente que durante sus recitales se volviera al público y le preguntara cómo se lo estaba pasando o qué tal estaba tocando. En cierto ocasión interrumpió abruptamente su recital ocultando sus manos bajo el piano con la excusa de que acababa de descubrir a Rosenthal entre el público y bajo ningún concepto podía permitirse que le copiara la digitación de la pieza. Cuando había un pasaje especialmente difícil del que salía airoso gritaba «¡Bravo, De Pachmann!», pero cuando la interpretación global estaba siendo brillante ya se pasaba al «C’est joli!» («¡precioso!»), aunque si estaba tocando de una forma lamentable se decantba por el «Cochonnerie!» («¡qué porquería!»). En una ocasión en que una mujer se abanicaba con fruición en la primera fila esta recibió su reprimenda porque la pieza se tocaba en un tempo de 3/4 y la acalorada mujer se abanicaba en un 6/8. No era para menos… Antes de retirarse definitivamente de las salas de concierto Glenn Gould sufrió de una amabilidad impensable pocos años después: ¡se interesaba por la instrucción y el disfrute del público!, dirigiéndose a él antes de tocar para explicarle en profundidad el carácter de las obras que iba a interpretar. El pianista Rudolf Serkin se atrevió con una de sus habituales charlas radiofónicas y a punto estuvo de arrancar el cable del aparato: «Dijo verdaderas ridiculeces que a mí me ponían de los nervios, pero al final se puso a tocar y fue una maravilla». En el Festival Internacional de Vancouver 466 Preparado por Patricio Barros