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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
se debía tocar aquel pasaje concreto. Tras la corrección sobre las teclas De
Pachmann se volvió a un público divertidísimo con aquello y le explicó que
jamás hubiera hecho ese favor a nadie, sólo a Godowski, por tratarse del
«segundo mejor pianista del mundo». Del primero sólo estaba seguro De
Pachmann… En 1919, durante un concierto de Busoni, se arrojó al escenario
para besarle la cola del traje asegurando estar ante el más grande intérprete
de Bach, pero aclarando a Busoni que este se hallaba sin embargo ante el
mejor intérprete de Chopin. A De Pachmann le encantaba dialogar con la
gente, sólo que usualmente escogía el lugar más inoportuno, siendo
frecuente que durante sus recitales se volviera al público y le preguntara
cómo se lo estaba pasando o qué tal estaba tocando. En cierto ocasión
interrumpió abruptamente su recital ocultando sus manos bajo el piano con
la excusa de que acababa de descubrir a Rosenthal entre el público y bajo
ningún concepto podía permitirse que le copiara la digitación de la pieza.
Cuando había un pasaje especialmente difícil del que salía airoso gritaba
«¡Bravo, De Pachmann!», pero cuando la interpretación global estaba siendo
brillante ya se pasaba al «C’est joli!» («¡precioso!»), aunque si estaba
tocando de una forma lamentable se decantba por el «Cochonnerie!» («¡qué
porquería!»). En una ocasión en que una mujer se abanicaba con fruición en
la primera fila esta recibió su reprimenda porque la pieza se tocaba en un
tempo de 3/4 y la acalorada mujer se abanicaba en un 6/8. No era para
menos…
Antes de retirarse definitivamente de las salas de concierto Glenn Gould
sufrió de una amabilidad impensable pocos años después: ¡se interesaba por
la instrucción y el disfrute del público!, dirigiéndose a él antes de tocar para
explicarle en profundidad el carácter de las obras que iba a interpretar. El
pianista Rudolf Serkin se atrevió con una de sus habituales charlas
radiofónicas y a punto estuvo de arrancar el cable del aparato: «Dijo
verdaderas ridiculeces que a mí me ponían de los nervios, pero al final se
puso a tocar y fue una maravilla». En el Festival Internacional de Vancouver
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Preparado por Patricio Barros