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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
bata, zapatillas y gorro de dormir». Imposible de confundir era también el
pianista y compositor John Field. Cuando siendo alumno de Muzio Clementi lo
acompañó por una gira en Rusia se quedó hechizado con los abrigos de piel
que llevaba la gente, hasta el punto de encargar un sobretodo de piel de oso
que no se quitaba ni siquiera durante sus conciertos. Arthur Nikisch, director
de la Filarmónica de Berlín entre los años 1895 y 1922, al igual que Hummel
o el Papa, también usaba anillos para marcar la diferencia, en su caso un
anillo con un diamante que se instalaba en el meñique y que, una vez
extendido, le servía para dar la entrada a los músicos. Cuenta Arthur
Rubinstein que «ese anillo en aquella fina mano blanca hacía las delicias de
sus admiradores berlineses». A Prokófiev le hacían chiribitas los ojos con los
colores chillones, algo que no le pasó desapercibido al pianista Sviatoslav
Richter, convertido en su amigo y en uno de los más dotados intérpretes de
su música, quien dejó escrito en un librito de recuerdos sobre el compositor:
«En un día de sol yo iba por Abat y vi a un hombre extraordinario. Era dueño
de una fuerza provocativa y pasó por mi lado como un bólido. Traje a
cuadros, zapatos de color amarillo vivo, corbata de color rojo naranja. No
pude dejar de volverme para mirarlo: era Prokófiev». En fin, es creíble la
entrada de su Diario el 2 de septiembre de 1924 (33 años), refiriéndose a su
hijo: «Sviatoslav me sonríe y parece que me quiere, sobre todo gracias a mi
chaqueta roja a rayas y a mis gafas. En cambio odia al farmacéutico vestido
de blanco que le pesa cada semana. Si me quito la chaqueta y me quedo con
la camisa blanca de tenis empieza a gritar como loco, tomándome por el
farmacéutico».
Satie una vez más. Al escritor suizo Blaise Cendrars le hicieron una
entrevista en 1950 y entre los recuerdos más nítidos del compositor estaba
su satisfacción tras conseguirle en 1923 un encargo de los Ballets Suecos,
pero también la visita que unos días después hizo con él a una sucursal
bancaria sueca para cobrar su cheque, tras la cual se compró cigarros puros,
se tomó varias copas y se lanzó a una camisería para comprar cuellos
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Preparado por Patricio Barros