Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | 页面 436
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
estaban supeditadas a sus manos optaban por los deportes como una forma
de desencuentro temporal con la música para no volverse locos. El tenis se
llevaba la palma, sólo que en lugar de aliviar tensiones contribuía a
extremarlas. Prokófiev estaba entre los más hipertensos. La actriz rusa
Serafima Birman, que desempeñaba el papel principal en la ópera Semión
Kotko, compartió lugar vacacional con aquel en Kislovodsk, corriendo el
verano de 1939 (48 años). El testimonio que dejó de Serguéi no lo convierte
precisamente en una estrella de la red: «Serguéi Serguéievich no parecía ser
un buen tenista, pero su pasión por el juego era evidente. Cada volea que
fallaba le provocaba tormentos y discutía con su boquiabierto compañero.
Las derrotas le dolían y le encantaba vencer. Recuerdo una visera verde que
le protegía, y los rápidos cambios de su expresión según cómo fuese el
encuentro». En julio de 1939 escribía el compositor a su esposa Lina desde la
casa de reposo para músicos de Kislovodsk: «Mañana iré a jugar al tenis con
(David)
Oistraj».
Ocho
días
después
informaba
a
su
amante
Mira
Mendelssohn: «Juego al tenis o al ajedrez con Oistraj». El verano de 1944 lo
pasó en la casa que el Estado reservaba a los artistas de la patria más
representativos para
favorecer la
creación liberados
de los penosos
condicionantes cotidianos. ¡Y vaya si creó Prokófiev!, pero también jugó
mucho al voleybol con Shostakovich, Katchaturian o Dmitri Kavalevski. Por
su parte, Arnold Schönberg se tenía por un maestro consumado en el tenis.
En 1934 (60 años) hizo todo lo posible por acceder a un torneo en
Chautauqua (Nueva York), pero quedó descalificado en la fase preliminar.
Desahogó la pena con Alban Berg, contando cómo se quedó fuera por no ser
capaz de apuntarse un solo juego. Cuando era consciente de sus limitaciones
Schönberg se venía abajo y ponía todo el empeño en dominar el ping-pong,
algo facilitado por el cuarto que reservaba en exclusiva en su casa de Berlín.
Alban Berg entendía a la perfección la melancolía de su amigo, ya que él
mismo era un jugador impenitente. Carta desde Baden-Baden el 10 de abril
de 1930 (45 años): «Después de un año de trabajo agotador también tengo
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Preparado por Patricio Barros