Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 434

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron simboliza el perfil más quisquilloso al respecto. La banquetita de madera que le regaló de pequeño su padre era el instrumento perfecto para pasar a la historia del pianismo sin dejar rastro de imperfección, aunque sus medidas le provocasen estar casi a ras de suelo y tener su barbilla casi a la altura del teclado. Si alguien se la cambiaba por una banqueta en condiciones él de inmediato cambiaba todas las condiciones para tocar en un concierto. Es legendario su encontronazo con el director George Szell y la orquesta de Cleveland a resultas de la altura propicia del piano, que al parecer iba en el pack de la banqueta. Ordenando Gould meter unos tacos bajo las patas del instrumento durante un ensayo perdió el director la paciencia por la demora en la maniobra y contribuyó a agilizarla con un deseo muy expeditivo. La frase la recordaba el propio Gould, que se aferró a su banqueta más que nunca: «Me encargaré personamente de meterle una de esas patas por el culo». A un tal señor Wright, comerciante de Ontario, le dio las gracias en carta de 3 de junio de 1958 (25 años) por enviarle una silla plegable (modelo 503 del catálogo) para su examen, decidiendo quedarse con ella, si bien Gould condenaba las sillas cuyo angulo entre asiento y respaldo era de noventa grados, de manera que…: Me preguntaba si por casualidad tenía algún otro modelo de silla plegable similar a este en el que la inclinacion del respaldo formara un ángulo algo más cómodo. Por ejemplo, el modelo de silla 100 de la empresa London, del que hablamos, es algo más confortable porque su ángulo es superior a noventa grados. Si pudiera modificar ligeramente alguna de las sillas que ya posee para corregir este ángulo me alegraría que me lo comunicara y así probar la versión modificada. Peor llevaba esa metafísica relación entre alturas y distancias el excéntrico pianista ruso Vladimir de Pachmann, quien regulaba una y otra vez la altura de la banqueta hasta que el público se desesperaba, momento en que se 434 Preparado por Patricio Barros