Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 433
Historia insolita de la musica clasica I
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· Gloriosas distracciones en distraídos gloriosos
· Tictac… tic, tic
· Marineros en tierra
Alberto Zurron
No se me ocurre mejor forma de alumbrar el camino de salida que
invitándoles a una traca final, remate habitual de las fiestas donde ha habido
fuegos de artificio, fascinación y buen humor, ingredientes secundarios que
me he preocupado de aunar en este libro, junto a otros muchos ingredientes
principales. En cierta forma, el presente capítulo-epílogo es una suerte de
vaso comunicante, un llamativo furgón de cola que circula con las puertas
posteriores abiertas, exhibiendo impúdicamente todo lo que no ha sido dicho
hasta ahora. A poco que sacudamos el mantel de singularidades biográficas
las migas llegan hasta el siglo XVI, lo que quiere decir que la historia de la
música es una merienda de negros que ha servido para engordar la leyenda
de muchos y arrojar luz para descubrir la dimensión real de claroscuros
biográficos que sólo pueden y deben despejarse manipulando el interior de
los hombres mientras se deja intacta su obra. Sólo he entrado un poco en
sus vidas y seleccionado con cuidado el color de sus cables para que no me
exploten entre las manos y al final el capítulo se quede en una metralla de
tópicos. Es el último tramo del camino. Sólo les pido que se pongan unas
gafas de sol. Las vidas de los músicos, e incluso las varias vidas de cada
músico, siguen siendo poderosamente deslumbrantes.
Culos de difícil asiento
Los había insufriblemente maniáticos con sus banquetas de concierto, y no
era para menos, ya que de la exacta posición del cuerpo, altura de manos,
separación de los codos del teclado, grado de oblicuidad de los ojos respecto
de las manos y tantos otros sortilegios, de todo ello dependía la superación
de la ordalía que era cada concierto o cada recital. Sólo faltaba que el cuadro
no se completase con un solista atragantado a mitad del lienzo. Glenn Gould
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Preparado por Patricio Barros