Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 430

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron de Schubert, sobre las que el compositor iba improvisando letras y cantándolas en voz alta. «Para ese tipo de infantilismo era incomparable — declaraba el propio Walter—; en la conversación le gustaban los rasgos de ingenio y cultivaba con agrado el humor de lo absurdo. Pero, bruscamente, la risa despreocupada moría en sus labios y se sumergía en un silencio lúgubre que nadie osaba romper». Sin duda ahí empezaba el auténtico Mahler. A poco que se le conociera era imposible dejarse engañar por él. Si los paseos de Herr Direktor estaban plagados de tics las cartas de Busoni a su esposa estaban llenas de «tocs, tocs», guiños cómplices con los que picaba a su mundo para acceder a su lejana cotidianeidad. Carcomido por una vida llena de giras y prolongadas ausencias los hoteles se volvían simulacros carcelarios, la soledad hacía estragos y la tensión previa a los conciertos se convertía en un trago difícil de rumiar sin la ayuda de otros tres estómagos como los de las vacas. En la época de sus giras por Alemania e Inglaterra aprovechaba la sintaxis de su nombre, Ferruccio, para firmar algunas de sus cartas a su esposa como: «Tu ferro mann» (‘Tu hombre de hierro’). En realidad el nombre de Busoni tenía truco, habiendo decidido ya de joven pasar a la historia por sí mismo y no con grandilocuentes apoyaturas en el juicio subconsciente de los demás. Cuenta en una carta la génesis de su magnífico nombre: «[En realidad] fui bautizado con el nombre Ferruccio Dante Michelangelo Benvenuto porque mi padre creía que el nombre tenía una influencia en las habilidades de quien lo poseía, pesada responsabilidad que traté de aligerarme abandonando los nombres de los tres grandes artistas toscanos y quedándome tan sólo con el de Ferruccio». En cierta forma, Richard Wagner también podía firmar sus cartas con cualquiera de aquellos tres nombres, aunque no los llevara en su partida de nacimiento. Era como el bastón de Balzac, que llevaba la inscripción «nada me tumba». Pero con veintitrés años y recién casado con Minna Planer el compositor temblaba como el adolescente que casi era todavía cuando intentó transmitirle sus ansias por engendrar un hijo, así que no halló mejor 430 Preparado por Patricio Barros