Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 428

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron vestuario puesto, cualquier cosa que de ahí en adelante le abrigara constituía para él toda una novedad. No digamos si se trataba de una minúscula batuta llena de un líquido rojo que se agitaba en el aire sin necesidad de música. Como el desgraciado Erik nunca había recibido atención médica se llevó el susto de su vida precisamente al final de ella, cuando cuidándole Darius Milhaud en la cama del hospital sacudió éste enérgicamente una cosa llamada termómetro para bajar el mercurio y Satie, que jamás había visto uno, le gritó: «¡Cuidado, que vas a romperlo!». Sentidos del humor que no han sido pedidos A Richard Strauss no le costó ningún trabajo llevar una vida de héroe hasta el final de sus días, así que en su cota de malla se permitió algunos jirones de gandul. El hombre disfrutaba reuniendo a amigos y conocidos para demostrarles que ya no era Zaratrusta quien les hablaba, sino el mismísimo lazarillo de Tormes, un lazarillo de ochenta y cinco años. El cebo era una adivinanza ya célebre en su entorno, un acertijo de músicos hecho no para los músicos, sino más bien para cabezas entretenidas con las paradojas de Fermat o de Poincaré, porque se las traía. Sir George Solti fue una de sus víctimas. «¿Conoce Tristán?», le preguntó un día a quemarropa, según cuenta el propio Solti en sus Memorias. Aquella pregunta formulada a un director de orquesta resultaba algo rocambolesca, pero necesaria en el contexto adivinatorio tal como Strauss lo tenía programado. Le contestó que por supuesto, dado que ya había tenido el placer de dirigirlo. Entonces le espetó: «Dígame por qué en el último acorde de la ópera tocan todos los instrumentos menos el corno inglés». Solti se quedó pasmado, admitiendo que, en efecto, hasta el arpa tocaba el último acorde, «todos salvo el corno inglés, que queda callado en los tres últimos compases en si mayor». Se declaró rendido. Una sensación de autosuficiencia se adueñaba de Strauss cada vez que lo explicaba: «El corno inglés representa la poción amorosa, y para cuando llega el último acorde, con Tristán e Isolda ya muertos, sus 428 Preparado por Patricio Barros