Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 399

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron una tercera parte del enigma que las Esfinges formularon a Edipo, porque ellos pasaron de las dos piernas a las cuatro con una habilidad, con una amabilidad pasmosa. Es difícil llegar a conocer bien a algunos músicos si no se les disocia de su música; eran hombres de más perfiles que Janos y con no menos trabajos que Hércules, así que no es de extrañar que muchos confundieran a sus terapeutas con mecánicos y pidieran a gritos sobre el mostrador una válvula de escape, en la mayoría de las ocasiones para no volverse locos, y en las restantes para no volverse cuerdos. Romper las cadenas del trascendentalismo con la fuerza de la música era realmente agotador, y la reposición de fuerzas sólo era una reexposición de la personalidad. Arrojar al exterior una obra era ir contra las leyes de Arquímedes, porque el vacío dejado pesaba más que el material desalojado. Componer no era expulsar, sino realojar teorías, certezas, facetas de uno mismo. En esas circunstancias, para seguir flotando en la superficie, estaba claro que sólo se podía hacer una cosa. Reír. Formas de matar el tiempo sin matar la música Una de las pocas certezas que he adquirido en la vida es que el juego está en la base del atrevimiento y el atrevimiento en la base del juego, lo que me lleva a pensar que los músicos tenían ese raro privilegio de seguir conservando cierta inocencia infantil a riesgo de perder la dignidad. La única ventaja de hacerse mayores es que se ganaba dinero; en cuanto a lo demás era para ponerse a analizar. Prokófiev siempre había sido un niño grande hasta que dos abrebotellas descorcharon su melancolía: Stalin y un infarto de miocardio, con la ventaja de que podían pasar por una sola. Antes de eso el autor de la Sinfonía clásica sólo sabía contagiar enfermedades que no venían en los manuales de anatomopatología adulta, sino en los de psicología infantil. Sin duda era un gran hombre encorsetado en un gran niño; cuando estornudaba lo mismo te podía pegar la risa que la varicela. 399 Preparado por Patricio Barros