Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 388
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
compases o cartas de navegación. Cabeza inquieta fue la del pianista Charles
Hallé, nacido en 1819, cuyas insuficiencias memorísticas (tocaba siempre con
la partitura delante) activaron su ingenio hasta fabricar un dispositivo que se
accionaba con el pie durante el recital para pasar las páginas de la partitura
sin la intervención de las manos. Más inquieta fue la cabeza del pianista
Joseph Hoffmann, quien puso su inteligencia al servicio de la humanidad para
regalarle no composiciones musicales, sino tecnológicas, para él más útiles,
hasta el punto de haber patentado más de setenta inventos científicos y
mecánicos.
A
ello
hay
que
sumar
algunas
banalidades
como
el
perfeccionamiento del fonógrafo de Thomas A. Edison, la fabricación de un
automóvil a vapor y la invención de amortiguadores para vehículos, todo ello
en un taller-laboratorio que se hizo construir.
A Elgar, al igual que a Hoffmann, también le apasionaban la velocidad y los
números, pero como era refractario a la tecnología se decidió por algo que
combinara las dos cosas sin romperse demasiado la cabeza, así que, como
buen inglés, tiró por las carreras de caballos. Se pasaba horas analizando las
posibles apuestas sobre series y combinaciones en función de su histórico de
resultados. Se conocía el nombre de todos los caballos y la sección de hípica
era lo primero que consultaba cada mañana en el periódico. A Rachmaninov
le sucedía algo parecido, pero como era ruso decidió arremangarse y meter
hasta los codos su afición por la doma de potros y por los arados; de hecho
analizaba constantemente todos los particularismos de la labranza y estaba
al cabo del mercado para adquirir los útiles más modernos. Mientras
esperaba su llegada se entretenía domando potros jóvenes y cabalgando por
las praderas de Ivanovka.
Federico Mompou con lo que se entretenía esperando la llegada de la
inspiración era con los helados. En 1925 (32 años), gozando ya de un buen
puñado de opus, tuvo la ocurrencia de introducir en Barcelona el negocio
Chocolat Glacé, Esquimaux. Para ello compró la concesión de la marca
francesa y acudió durante más de un mes a la fábrica de productos
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Preparado por Patricio Barros