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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
murió sin darle tiempo a enviarlo a alguna escuela de magisterio o de
medicina, así que con dieciséis años y en la gélida Petrogrado de 1922 hubo
de buscar trabajo para evitar que su familia (madre y dos hermanas) se
muriera de frío en el invierno, dado que el puesto de cajera logrado
providencialmente por su madre en la Unión de Trabajadores sólo daba para
alimentar a la mitad de las bocas. Lo encontró en un teatro llamado La
Bobina Luminosa y consistía en poner banda sonora pianística a las películas
mudas. «Era desagradable y agotador, un trabajo duro y muy mal pagado»,
se quejaba mucho después a su biógrafo Solomon Volkov. Testimonio directo
es el de su hermana Marusia en carta de octubre de 1919 a su tía Nadezhda:
«Nuestra mayor desgracia es que Mitia va a tocar en un cinematógrafo. Esto
es para nosotros una verdadera tragedia, si se tiene en cuenta lo duro del
trabajo y su salud. Pero él dice que no puede soportar por más tiempo la
vida que llevamos y que se sentiría mucho mejor si pudiese traer a casa un
poco de dinero todos los meses». Unos días después la familia se compraba
unas frazadas para atravesar diciembre, ya que Dmitri renunció al trabajo en
noviembre. Sólo aguantó un mes y ni siquiera cobró el salario que le
correspondía. Perseguir al gerente por todo el teatro no le sirvió de nada;
acudir a los tribunales, sí.
Si en la época en que Puccini era niño ya hubieran nacido los hermanos
Lumière no habría dejado en su sitio ni el aceite de los candiles. A falta de
cinematógrafo, el pequeño Giacomo con seis años ya tocaba el órgano en la
iglesia de San Michele, en Lucca, y durante unos años más los feligreses
pudieron entender perfectamente lo que sonaba; el problema sobrevino
cuando Puccini empezó a fumar ya en la pubertad, pues a nadie se le escapó
que las fugas de Bach comenzaban a sonar como las pavanas para vihuela
de Antonio de Cabezón. No hizo falta llamar a un afinador, sino a un alguacil:
se descubrió que para subvenir la adquisición de cigarrillos Puccini robaba los
tubos del órgano y los vendía como chatarra. En 1880 aún acudía los
domingos a misa mirando al organista con melancolía, pues a la sazón y con
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Preparado por Patricio Barros