Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | страница 372
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
mísero sueldo de cincuenta rublos mensuales. En carta de marzo de 1861
escribe a su hermana Alejandra: «Han hecho de mí un empleado, un
empleado cautivo, esa es la verdad». Pero en otoño de 1862 Nikolai
Rubinstein funda el Conservatorio de Moscú y Chaikovski hace partícipe a su
hermana de esa pálida luz: «Estoy convencido de que tarde o temprano
cambiaré mi empleo por la música. No creas que me figure llegar a ser un
gran músico alguna vez; eso sólo ocurriría si sintiese en mí la ambición. Lo
mismo me da ser un compositor famoso que un pobre maestro de música».
Estas eran las palabras de un adivino de tres al cuarto, así que hizo bien
Chaikovski en reconsiderar sus vaticinios y convertirse en todo un arúspice,
para abrirse las entrañas y poder leer en ellas lo que de porvenir había. El
poeta rumano Paul Celan tiene unos versos bellísimos: «Tierra había en ellos
/ y cavaron». La grandeza de Chaikovski consistió en coger mucho antes una
pala que una batuta. La pala es a veces el significante sin el cual carecería de
significado la batuta después empuñada. Por Chaikovski o por cualquiera. Así
es como en los inicios de 1863 pasó lo que tenía que pasar, que de un día
para otro dejó su puesto en el Ministerio y con la disculpa de probar otras
recetas existenciales no dudó en meter a Dios en los pucheros. Escribe acto
seguido a su hermana:
Visto el estado de cosas comprenderás que no puedo dejar
abandonados los dones de Dios sin posibilidad de que se
manifiesten. Hasta ahora esto no me había impedido continuar
yendo a la oficina y persistir en el ministerio. Pero ahora que
mis estudios son cada vez más complejos y me llevan cada vez
más tiempo me veo obligado a renunciar a una de las dos
ocupaciones.
Pero también había vida tras las leyes. Y balidos además de crujir de dientes.
A Antonin Dvorák, sin embargo, no le quedó más remedio que aceptarlo. Su
padre, de profesión posadero, tenía una honrosa carnicería y la tradición
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Preparado por Patricio Barros