Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 370
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
«En tres años serás un accesit que gana sesenta groschen
anuales». El Arte prosigue: «Soy libre como el aire y el mundo
entero es mi asilo». Salta el Derecho encogiéndose de
hombros: «Mi práctica supone una subordinación constante, a
cada paso, y un traje inmaculado» […]. Dadme la mano,
queridos míos, y dejadme que siga mi camino.
La verdad es que Schumann era un joven metódico que venía preparando a
su madre desde mayo de 1828, y así es como le escribía desde Leipzig en
carta del día 21: «La fría jurisprudencia, con sus heladas definiciones, caería
sobre mi vida desde el principio como una losa. La medicina no quiero
estudiarla y la teología no puedo. Y, sin embargo, no hay escapatoria: tengo
que elegir leyes. Así me debato continuamente conmigo mismo, buscando en
vano quien me diga qué puedo hacer». Lo siguiente sonaría a catástrofe si
antes no sonara a ridículo. El 6 de noviembre de 1829 escribe desde
Heidelberg a su profesor Frederick Wieck: «He comenzado varias sinfonías,
sin terminar ninguna. De cuando en cuando introduzco un vals de Schubert
entre el Derecho romano y las Pandectas».
Qué bien le hubiera venido a Emmanuel Chabrier tener en la punta de la
lengua aquel Non con el que Chaikovski despachó a su productor americano
tras una humillante oferta económica para una gira. Pero Chabrier tenía dos
padres: el biológico y su instinto, y a ambos obedeció con equidad, así que
con veinte años cumplió el sueño más o menos coercitivo del biológico y se
diplomó en abogacía en 1861, trabajando durante los dieciocho años
siguientes en el Ministerio del Interior con el título de supernumerario. Sin
embargo distribuía con ecuanimidad las horas entre su talento y su
esterilidad, emborronando partituras por doquier. En una ocasión manifestó:
«¡Cuántas veces no habré robado al Gobierno!». Renunció al cargo en 1880
y en esa década compuso la práctica totalidad de su obra, de triste brevedad
a causa de un colapso mental. Jean Sibelius era de los que, por fortuna,
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Preparado por Patricio Barros