Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Seite 369
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
empresa de mi padre por los comercios. Sé que resulta enojoso servir chile a
las tres salsas mientras repasas en la cabeza la teoría del «como si» de Hans
Vaihinger, o hablar de tarifas publicitarias mientras confundes la servidumbre
de acueducto con la de saca de aguas, pero si la máxima de Pericles en la
antigua Atenas era «¡enriqueceos!», la de los jóvenes emprendedores,
incluidos los músicos, era y sigue siendo la de «¡independizaos!».
Un SOS entre cadáveres y leyes
Ocurría que los estudios de Derecho eran la asignatura pendiente de los
padres, más que de los hijos. Para descontaminar el cerebro de un hijo que
en los cruces de caminos deseaba tirar no hacia la derecha ni a la izquierda,
sino hacia arriba, hacia las nubes, no había mejor correctivo que mandarlo a
estudiar lo que por entonces se llamaba Jurisprudencia. Por suerte la
terquedad era el color del cristal esmerilado con el que todos ellos miraban a
sus progenitores, distorsionando sus deseos, oscureciendo sus mandatos, y
gracias a ello la primera división de la música clásica es un equipo con el
banquillo a reventar y no una diminuta arca de Noe con una pareja de cada
especie:
los
románticos,
los
impresionistas,
los
neoclásicos,
los
vanguardistas… Decididamente el triunfo de la música es el propio triunfo de
una virtud siempre mal vista: la desobediencia.
La de Robert Schumann fue un auténtico corte de amarras. Su severa madre
había decidido jugar con todos nosotros al «efecto mariposa» y dejarnos un
mundo distinto sin la música de su hijo. Este obedeció hasta donde pudo, o
sea, hasta la inscripción en el primer curso de la Facultad de Derecho de
Leipzig, después un salto posterior a la Heidelberg y poco más. El cruce de
caminos del que hablábamos un poco más arriba era algo más que una
metáfora. El 22 de agosto de 1830 Robert se siente definitivamente liberado
y escribe a su madre:
El poste que señala hacia el Arte dice: «Si eres diligente
puedes alcanzar tu propósito en tres años». Dice el Derecho:
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Preparado por Patricio Barros