Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 37
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
mi imaginación; tengo miedo de Berlioz. Con mi mal francés estoy
simplemente perdido». Idénticas barreras arquitectónicas sufrieron otros dos
colosos aquejados de parálisis idiomática, cruzados de tibias como una
calavera en una bandera de piratas. Así de mortalmente aburridos
comparecieron uno frente al otro, Rossini y Beethoven, cuando se conocieron
en Viena en 1822, incapaces de sostener una mínima conversación por el
absoluto desconocimiento de la lengua del otro. El italiano tenía treinta años,
el alemán cincuenta y uno. Años más tarde, en 1860, Rossini confesaría a
Wagner (seguro que no en alemán): «Su sordera y mi ignorancia del alemán
hicieron imposible la conversación. Pero al menos tuve la fortuna de
conocerle».
En cuanto al vago, vaguísimo Satie, encajaba en el perfil de hombre de un
solo idioma, hasta que hacia los cincuenta años le dio por estudiar griego
para leer en el original las tragedias de Eurípides y los Diálogos de Platón. Lo
cierto es que pocos músicos como él han rentabilizado un segundo idioma
tan poco práctico, ya que le sirvió para que la princesa de Polignac le
encargara la música para La muerte de Sócrates, compuesta a los cincuenta
y dos años.
Falta de mano izquierda. Requiescat in pace
En otras ocasiones la humillación no era disparada con cartuchos de mala fe,
sino por falta de mano izquierda, soportando la derecha todo el peso de la
sinceridad. Este mal le aquejaba a Johannes Brahms. Chaikovski le hubiera
preferido apopléjico, pero hubo de inspirar hondo, contar hasta diez y
tolerarle sincero. Cuando el alemán viajó ex profeso a su Hamburgo natal
para una audición de la Quinta Sinfonía del ruso no le quedó más remedio
que invitarle después a cenar, pues no bien Brahms se hubo sentado
extendió la servilleta sobre los muslos y sirvió el primer entremés a
Chaikovski: «Tengo que decirle que su sinfonía no me ha gustado nada».
Lograron terminar la cena, pero ya no volvieron a encontrarse. El camino de
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Preparado por Patricio Barros