Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 366

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron diecisiete años de miedo que habían forjado (y mutilado) la personalidad psicológica y musical de Shostakovich no se sacudían fácilmente, ni siquiera en las partituras. Como recompensa personal a tanta represión entreabrió ligeramente la puerta de un legítimo narcisismo con su Cuarteto para cuerdas nº 8 (1960, siete años después de la muerte de Stalin), dedicatoria destinada inicialmente a sí mismo y rectificada cuando presiones externas le hicieron ver su falta de corrección política, por lo que terminó dedicándolo a todas las víctimas del fascismo y, larvadamente, a su propia persona al utilizar como tema principal las consabidas iniciales de su nombre. Él mismo confesó en una carta a su amigo Isaak Glikman en julio de 1960: «El carácter seudotrágico del cuarteto es tal que, al componerlo, vertí tantas lágrimas cuanta orina suele verterse después de beberse media docena de cervezas. Cuando regresé a casa intenté tocarlo dos veces y de nuevo derramé lágrimas». La imagen de sentirse el ombligo del mundo es equívoca. Cuando está por medio algo tan equidistante entre el cerebro y las uñas de los pies como es el ombligo la imagen del mundo resulta rastrera, convencional, artificiosa, casi como un pie de página en un libro de biología donde colaboran otros elementos esenciales de la vida, como pueden ser el cordón umbilical o el líquido amniótico. Pero la cosa cambia cuando en lugar de ombligos hablamos del omphalos tal como lo entendían los griegos, elevando a estatuto existencial una parte del cuerpo biológicamente tan poco interesante, ese botón de muestra sin ojal alguno en el cuerpo. Los músicos que no creían en Dios creían en el omphalos, que en la realidad mitológica es la piedra dejada por Zeus en el centro del mundo para asegurar su presencia superior en él. Los músicos han seguido esa misma estrategia, dejando en el centro de un mundo sus obras como si fuera ese tope visible que marcan las riadas en sus máximas crecidas. Su problema también era el caudal que contenían, que necesitaban desalojar de otra forma que no fuera tal como Arquímedes lo axiomatizaba, dado que la música desalojada superaba con 366 Preparado por Patricio Barros