Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 352
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
La altanería de Beethoven halló un leal sucesor en Franz Liszt, que se
obstinaba en tratar como iguales a la realeza y la aristocracia, negándose a
tocar para ellos en cuanto la tabula rasa se rompía por algún tratamiento
indigno. La mecha de semejante complejo de clase (su padre era un simple
músico de profesión) se había encendido ya en su juventud, al tocar en los
grandes salones y decidir que sus anfitriones no merecían un solo oropel de
los que allí colgaban al ver cómo «artistas de primera categoría como
Moscheles, Rubini, Lafont, Pasta, Malibrán y otros se veían obligados a entrar
por la escalera de servicio». Por cierto, mucho le gustaban a Franz los
paseítos efectistas cuajados de vanidad que practicó en sus recitales por
Inglaterra allá por 1840 (29 años) y que tan de quicio sacaron a algunos,
entre ellos el pianista Charles Salaman:
En esos recitales, Liszt, tras ejecutar una obra que figuraba en
el programa, bajaba del escenario a la sala, donde las butacas
estaban
dispuestas
de
tal
modo
que
se
podía
circular
libremente; iba de un lado a otro, conversaba con sus amigos
con la graciosa condescendencia de un príncipe, hasta que
decidía regresar al piano.
Chaikovski defendió igualmente la superioridad de su nombre con un
chovinismo superior al de los propios franceses, a los que suministró por
tanto su propia medicina, y es que a finales de 1877 (37 años), siendo ya
célebre en su país, fue elegido por el Ministro de Hacienda como delegado
musical de Rusia en la Exposición Universal de París de 1878. Accedió en un
principio por razones de lisonja, pero después lo pensó fríamente y mojó la
pluma en hielo derretido para escribir la carta que escribió a un amigo:
Sería insoportable tener que presentarme humildemente ante
Saint-Saëns y dejarse honrar por su amable condescendencia
cuando en lo más íntimo de mi corazón me siento tan por
encima de él como los Alpes. En París mi propia estimación
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Preparado por Patricio Barros