Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 347
Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
de una rama y el hombre en trance de colgarse. Cuenta Enrique Arbós
(quien, como de casi todos los chismes, supo también de este) que aquello
terminó entre lágrimas y abrazos, sacándole a Nikisch la promesa de no
hacer más tonterías y apostar más por Mahler y Brahms que por las
escaleras de colores. Para eliminar riesgos sus amigos asumieron todas sus
deudas.
En el caso de este mal jugador y aún peor perdedor los amigos llegaron a
tiempo, pero a Nikisch le faltó guardarse un as en la manga, como hubiera
sido un compañero de soga con el que compartir viaje y ayudarse
mutuamente en caso de necesidad. Hasta en eso había que seleccionar
cuidadosamente el perfil adecuado, y lo cierto es que Isaac Albéniz estuvo
entre los elegibles…, ¡pero también entre los menos fiables! Ya había
demostrado unos años antes lo poco recomendable que aquel muchacho era
para anudar destinos en el último viaje, y es que en su época de juventud
(no se conocen bien los motivos, quizá lo fueran aquellos versos de León
Felipe: «pasar por todo una vez, una vez sólo y ligero») convino un suicidio
conjunto con un estudiante sudamericano amigo suyo. Este consumó el acto
en primer lugar, pero Arbós, que supo (¡cómo no!) de aquel lance de primera
mano, cuenta que Albéniz se llevó tal impacto emocional que huyó corriendo,
trastornándole el suceso durante mucho tiempo.
La historia de la música es un catálogo completo de supervivientes que no
han creído razonable morir si se podía aprovechar la respiración agitada para
crear compases de tres por cuatro y la desolación del abandono para
impostar la muerte propia en personajes de mentira con dolores de verdad.
Si Bertrand Russell decidió seguir viviendo para aprender más matemáticas y
Kepler para cimentar sus teorías orbitales, cuántos seres humanos sin la
ayuda de derivadas y astrolabios habrán deseado seguir atados a la vida
donde la música hace de camisa de fuerza no para hacernos más fuertes,
sino más verosímiles. Quizá al final sobreponerse no sea todo y admita una
relativización, un trucaje existencial en el que se apaguen todas nuestras
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Preparado por Patricio Barros