Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 340

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron las mujeres estériles para facilitar la concepcion. El poeta rumano Paul Celan se tiró a las aguas del Sena y en ellas se quedó su verso más famoso y predictivo: «Leche negra del alba la bebemos de tarde». Sentía que los pulsos íntimos de la vida ya habían sido trasvasados a su poesía y, fuera de ella, nada más quedaba por vivir. En definitiva, la poesía se lo había dado y quitado todo en el recorrido de un círculo cerrado. El violinista noruego Ole Bull también se tiró al Sena cuando unos ladrones se lo robaron todo, incluido su violín, pero aún no sé en qué circunstancias una dama de la alta sociedad le sacó de las aguas y para evitar que repitiese la tontería no le dio un discurso, sino un Guarnerius valorado en miles de francos. Jamás en la historia de la música un baño fue tan rentable… A Robert Schumann no le regalaron nada cuando en el colmo de la desesperación arrojó su alianza a las aguas del Rin y después él mismo fue tras ella a pasar por aquel estrecho aro rumbo a la eternidad. Fue rescatado por unos pescadores y lo único que sacó en positivo de aquel arrebato fue un ticket de entrada para el manicomio de Endenich, una villa cercana a Bonn, donde pasaría los dos últimos años y medio de su vida. Días más tarde Clara se encontró estas líneas escritas en su Diario: «Querida Clara, voy a arrojar mi alianza al Rin. Haz lo mismo con la tuya y así ambas se reunirán». Un espíritu siempre jovial como el de Franz Liszt coqueteó sin embargo al final de sus días con la idea de abrazar la muerte tras haber abrazado la iglesia católica, lo que le aportó consuelo, pero también un aburrimiento mortal. Debió pensárselo dos veces antes de viajar de Weimar a la romana Villa d’Este en el verano de 1877 (65 años). Allí se encontró con que el aburrimiento no tenía nada de conceptual, y así es como escribió a la baronesa Olga von Meyendorff: «Permítame decirle una vez más que estoy muy cansado de vivir, pero como creo que el quinto mandamiento, “No matarás”, es también aplicable al suicidio, seguiré viviendo, arrepentido y contrito por haber quebrado públicamente el noveno mandamiento». Aquello no era para menos teniendo en cuenta que se pasaba todo el día en la 340 Preparado por Patricio Barros