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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
y autoafirmación, pero no así su hermano Otto, quien se quitó la vida a los
veinticinco años porque sus obras musicales no eran suficientemente
valoradas. Está claro que en el juego de espejos que hizo con su hermano
Gustav salió perdiendo de la peor manera posible. De ese hermano hoy
totalmente desconocido cuenta Bruno Walter en su biografía sobre Gustav:
En un cajón de su mesa encontraron dos sinfonías, de las que
sólo una había sido interpretada una vez y además no
íntegramente, mientras que la otra había sido acogida con una
falta total de comprensión, por no decir francamente que se
habían reído de ella. Había también cierto número de melodías
para orquesta, tres colecciones de Lieder que nadie cantaba y
una tercera sinfonía casi terminada.
Corría entonces un 6 de febrero de 1895, una época en la que su hermano
Gustav ya había cavado lo suficiente aquella tumba con sus dos primeras
sinfonías, sus Lieder eines fahrenden Gesellen, su Das klagende Lied o su
Des knaben Wunderhorn. Moraleja: cuando la distribución de la sangre es
tan poco ecuánime sólo cabe vengarse de sus suministradores derramándola.
A Rossini no le pilló la incomprensión de los demás, sino el hastío y el
deterioro físico, dos buenos compañeros de armas. El problema de crecer
musicalmente demasiado rápido era que las trazas de horizontes se
desdibujaban, luego se difuminaban y finalmente desaparecían. A los sesenta
y dos años cualquier músico estaba explorando nuevas posibilidades abiertas
por los saltos generacionales; Rossini, que a los treinta y nueve ya había
compuesto la práctica totalidad de su producción (incluyendo medio centenar
de óperas y obras afines), lo que exploraba era unos palmos de tierra donde
poder ser enterrado con decencia. La vida útil de su obra nada tuvo que ver
con la del músico. En aquella época padecía depresión, excitabilidad nerviosa
mórbida, insomnio, pérdida de apetito y disfunciones físicas. Incluso en una
carta de febrero de 1855 reconocía que no podía vestirse sin ayuda de una
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Preparado por Patricio Barros