Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 338

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron y autoafirmación, pero no así su hermano Otto, quien se quitó la vida a los veinticinco años porque sus obras musicales no eran suficientemente valoradas. Está claro que en el juego de espejos que hizo con su hermano Gustav salió perdiendo de la peor manera posible. De ese hermano hoy totalmente desconocido cuenta Bruno Walter en su biografía sobre Gustav: En un cajón de su mesa encontraron dos sinfonías, de las que sólo una había sido interpretada una vez y además no íntegramente, mientras que la otra había sido acogida con una falta total de comprensión, por no decir francamente que se habían reído de ella. Había también cierto número de melodías para orquesta, tres colecciones de Lieder que nadie cantaba y una tercera sinfonía casi terminada. Corría entonces un 6 de febrero de 1895, una época en la que su hermano Gustav ya había cavado lo suficiente aquella tumba con sus dos primeras sinfonías, sus Lieder eines fahrenden Gesellen, su Das klagende Lied o su Des knaben Wunderhorn. Moraleja: cuando la distribución de la sangre es tan poco ecuánime sólo cabe vengarse de sus suministradores derramándola. A Rossini no le pilló la incomprensión de los demás, sino el hastío y el deterioro físico, dos buenos compañeros de armas. El problema de crecer musicalmente demasiado rápido era que las trazas de horizontes se desdibujaban, luego se difuminaban y finalmente desaparecían. A los sesenta y dos años cualquier músico estaba explorando nuevas posibilidades abiertas por los saltos generacionales; Rossini, que a los treinta y nueve ya había compuesto la práctica totalidad de su producción (incluyendo medio centenar de óperas y obras afines), lo que exploraba era unos palmos de tierra donde poder ser enterrado con decencia. La vida útil de su obra nada tuvo que ver con la del músico. En aquella época padecía depresión, excitabilidad nerviosa mórbida, insomnio, pérdida de apetito y disfunciones físicas. Incluso en una carta de febrero de 1855 reconocía que no podía vestirse sin ayuda de una 338 Preparado por Patricio Barros