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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
aquella música y pronto hubo grupos de partidarios y detractores que se
enzarzaron a golpes, dada la poca efectividad que mostraba la opción de la
retórica, hasta que por fin hubo de intervenir la policía. Cuando en el cuarto
acto uno de los personajes, Golaud, saca los versos de la nariz del pequeño
Yniold, se desató un clamor de risas e insultos que poco faltó para que la
función se suspendiese. Una vez que cayó el telón el director orquestal André
Messager se fue a un rincón a a llorar y varios músicos se acercaron a él
para darle el pésame, dado el reciente fallecimiento de un hermano,
creyendo que al óbito se debía aquello desconsuelo, pero su respuesta fue:
«No es por él por quien lloro, sino por Pelléas». Una vez más se cumplía la
profecía de Debussy, cuando años antes había declarado: «Yo escribo cosas
que no serán comprendidas más que por los nietos del siglo veinte».
Erik Satie se mostró encantado con aquella forma que tenía el público de
entender la vida musical y se propuso crear su obra de forma que el
resultado sólo se entendiera con unas esposas puestas y de camino al furgón
policial. Uno de sus mayores logros en esas pretensiones de interactuación
fue su Les aventures de Mercure, ballet sobre un texto de Jean Cocteau que
adulteraba una versión de Romeo y Julieta. El estreno del ballet fue un
maravilloso escándalo. A él asistieron Louis Aragon y André Breton, padre
este del surrealismo, molestos ambos con Satie porque no habían logrado su
adhesión a la camarilla de moda, lo que le convertía por tanto en un
elemento peligroso y contaminante en la configuración de las bases del arte
de
vanguardia. Acudió
al
estreno un
buen número
de
surrealistas,
comandados por Aragon, que empezó a gritar «¡Viva Picasso, abajo Satie!»,
en tono creciente, hasta que hubo de intervenir la policía para sacarlos a
todos a la calle. Corría el año 1924 y Satie ya se había revelado todo un
fenómeno en el fomento de la discordia entre ismos artísticos. El año anterior
había sido invitado por Tristan Tzara, fundador del dadaísmo, para
conmemorar en una velada el nacimiento de su revista, que Tzara usaba
como arma arrojadiza contra los surrealistas de Breton. Allí Satie se dispuso
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Preparado por Patricio Barros