Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Page 318

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron aquella música y pronto hubo grupos de partidarios y detractores que se enzarzaron a golpes, dada la poca efectividad que mostraba la opción de la retórica, hasta que por fin hubo de intervenir la policía. Cuando en el cuarto acto uno de los personajes, Golaud, saca los versos de la nariz del pequeño Yniold, se desató un clamor de risas e insultos que poco faltó para que la función se suspendiese. Una vez que cayó el telón el director orquestal André Messager se fue a un rincón a a llorar y varios músicos se acercaron a él para darle el pésame, dado el reciente fallecimiento de un hermano, creyendo que al óbito se debía aquello desconsuelo, pero su respuesta fue: «No es por él por quien lloro, sino por Pelléas». Una vez más se cumplía la profecía de Debussy, cuando años antes había declarado: «Yo escribo cosas que no serán comprendidas más que por los nietos del siglo veinte». Erik Satie se mostró encantado con aquella forma que tenía el público de entender la vida musical y se propuso crear su obra de forma que el resultado sólo se entendiera con unas esposas puestas y de camino al furgón policial. Uno de sus mayores logros en esas pretensiones de interactuación fue su Les aventures de Mercure, ballet sobre un texto de Jean Cocteau que adulteraba una versión de Romeo y Julieta. El estreno del ballet fue un maravilloso escándalo. A él asistieron Louis Aragon y André Breton, padre este del surrealismo, molestos ambos con Satie porque no habían logrado su adhesión a la camarilla de moda, lo que le convertía por tanto en un elemento peligroso y contaminante en la configuración de las bases del arte de vanguardia. Acudió al estreno un buen número de surrealistas, comandados por Aragon, que empezó a gritar «¡Viva Picasso, abajo Satie!», en tono creciente, hasta que hubo de intervenir la policía para sacarlos a todos a la calle. Corría el año 1924 y Satie ya se había revelado todo un fenómeno en el fomento de la discordia entre ismos artísticos. El año anterior había sido invitado por Tristan Tzara, fundador del dadaísmo, para conmemorar en una velada el nacimiento de su revista, que Tzara usaba como arma arrojadiza contra los surrealistas de Breton. Allí Satie se dispuso 318 Preparado por Patricio Barros