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Historia insolita de la musica clasica I
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Alberto Zurron
su impresión de aquel barco en trance de hundimiento, recordando cómo las
damas de alta sociedad se escupían unas a otras en los palcos, viéndose
también bofetadas aquí y allá e intercambios de tarjetas de visita para retos
a duelo. «Los bailarines lloraban entre los bastidores», señaló desolada.
También Richard Wagner se cambió tarjetas de presentación con la tradición,
dado que cada nueva función constituía un morboso desafío a las reglas
preestablecidas. Óperas hoy absolutamente consagradas, que no acusan una
sola fisura en nuestra emoción y nuestra aceptación, no pasaron sin embargo
el día de su estreno el límite mínimo en su prueba de salto de altura. Casi
siempre terminaban derribando la barra con los pies. Y los pies eran
comúnmente de los espectadores, con sus pataleos. Esto es lo que pasó con
Tannhäuser en su primera representación francesa, el 13 de marzo de 1861,
dieciséis años después de su estreno en Dresde. La falta de previsión de
Wagner y su egolatría llevaron de la mano al fracaso su primera gran ópera,
y es que no había nada como consultar un manual de costumbrismo del país
donde uno deseaba poner a pastar sus obras, para saber de qué hierba
estaban hechos sus campos. Cuando le hicieron notar que su ópera no
llevaba ballet en el segundo acto y que aquello podía suponer una afrenta en
un país habituado a tal intercalado, el alemán se negó en redondo a
ridiculizar de aquella manera a sus personajes en el capital episodio del
concurso de canto. El caso es que al estreno asistió un grupo de niñatos del
Jockey Club que se propuso y logró dinamitar el segundo acto con silbidos y
chirridos de silbato. Como quiera que en la segunda y tercera representación
procedieron
los
mismos
desaprensivos
con
las
mismas
maniobras,
Tannhäuser se cayó finalmente de las carteleras. «¿Qué pensará Europa de
nosotros? —escribió profundamente avergonzado Baudelaire en su ensayo
Richard Wagner y el Tannhäuser en París—. ¿Y qué dirá de París el pueblo de
Alemania? Este puñado de canallas ha traído la infamia sobre todos
nosotros». Piénsese que el contrato suscrito con Wagner incluía diez
semanas de representaciones, y que el montaje de la obra había requerido
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Preparado por Patricio Barros