Historia sobre la música clásica. Historia insolita de la musica clasica I - Alberto | Página 296

Historia insolita de la musica clasica I www.librosmaravillosos.com Alberto Zurron algo de emoción: la verdadera realización del ser superior estaba en retarse en duelo y en asomarse al cráter del Vesubio. Y las dos acometió sin temblores de pulso. La primera ya hemos visto que acabó como el final del poema de Cervantes: «requirió la espada, / miró al soslayo, fuese y no hubo nada». Pero la segunda propinó tal golpe de alivio al protagonista que se pareció más bien al final de El mito de Sísifo, de Albert Camus: «Hay que imaginarse a Sísifo dichoso». Un espíritu aventurero como el de Rubinstein sólo podía ser captado en la misma onda por espíritus afines, y si además necesitaban su dinero el hallazgo era doblemente feliz para el rastreador. Cuando Heitor Villa-Lobos se enteró que había caído en gracia al pianista polaco le embargó más dicha de la que Camus había imaginado para Sísifo. Se conocieron en el primer viaje a Brasil que hizo Rubinstein para ofrecer una gira de conciertos y de inmediato se sintió este cautivado por el exotismo de la música del brasileño. Comiendo juntos aquel día la conversación se animó y los pentagramas dejaron lugar a los diagramas de las cartas de navegación. Pronto comprobaron que podían intercambiárselas sin por ello cambiar de pasiones. Fue un hechizo mutuo: Según se iba entusiasmando —narra el pianista en Mi larga vida—, me contaba historias de su juventud que sonaban más a Julio Verne que a nada remotamente verosímil. Pretendía ser el descubridor del alma recóndita de Brasil. «Oí las voces de las tribus salvajes del Amazonas. Durante semanas enteras viví en las selvas del Matto Grosso para captar las melodías de los caboclos. Frecuentemente me expuse a graves peligros, pero no me importó». Todo esto lo refería con la más firme convicción, con aquella voz de tesitura elevada y en su atropellado francés, con el apoyo de gesticulaciones verdaderamente gimnásticas. Más tarde me enteré de que, en verdad, había viajado por todo Brasil, recogiendo mucho 296 Preparado por Patricio Barros